Sw Suryananda | SKY Uruguay
Voy a ofrecer sobre este tema -lo auténtico sobre el auge espiritual, a raíz de la pandemia- tan solo algunas reflexiones. Ojalá puedan ser de provecho, y esto dependerá también del lector, de si logra estar atento; atento a sí mismo y eso sin olvidar las circunstancias que está viviendo. Agruparé las ideas en torno a tres preguntas. ¿Qué situación estamos viviendo? ¿Qué es y cómo reconocer a un ser espiritual? ¿Qué tarea nos toca realizar en estas circunstancias?
¿Qué situación estamos viviendo?
En los aspectos visibles, una gran parte de la humanidad se encuentra presa en su casa sin quererlo ni saber bien por qué ni tener idea del origen real o de la duración probable de esta situación. La «élite» ha logrado lo increíble: encarcelar a casi toda la humanidad sin juicio, sin tener que alimentar al prisionero, ni tener una prisión donde recluirlo, y ni siquiera pagar a los carceleros.
Incluso, lograr que los prisioneros se conformen y distraigan con los recursos que tengan a mano. Y si el prisionero desea saber e investigar un poco, y no todos lo quieren hacer, cada afirmación que aparece en los grandes medios será negada en otro medio, al mismo tiempo o muy poco tiempo después. El que se presenta como héroe salvador en un lado (sea un remedio o un jefe político) es visto en otro lado como el origen mismo del mal…
Lo único claro es que hay una inmensa confusión. Sin embargo, es probable que haya coincidencia en que el mundo en el que viviremos después de la pandemia será muy diferente del anterior. Que llegó a su agotamiento.

¿Pero cómo será el futuro? Y nuevamente domina la incertidumbre.
La verdad es que no tenemos respuestas, y que no estamos cómodos si no encontramos o inventamos algo que nos brinde seguridad. De paso, esta búsqueda de seguridad no parecería un buen principio para una búsqueda espiritual genuina. Quizás pudiera serlo si uno se preguntara realmente por qué esa necesidad de seguridad…
¿Cómo reconocer a un ser espiritual? ¿Qué es ser espiritual?
Aunque sean dos preguntas diferentes, creo que tenerlas ambas presentes puede ayudar a discernir mejor y reducir al mínimo el nivel de confusión que también existe en este campo.
a) Espiritualidad y religión. Fe y creencia.
Lo primero que parece necesario aclarar es que la espiritualidad y la religión son dos cosas diferentes. Que la fe, imprescindible para lograr un nivel espiritual y la creencia (en una religión) no deben confundirse.
La fe es una fuerza interna propia de un nivel de conciencia que es necesario alcanzar y sostener en uno para contar con esa capacidad. En ese nivel de conciencia, se cuenta con el «sentir» o la «intuición» para dirigir la acción consciente.
La creencia en cambio no se dirige ni surge del interior, más bien se aprende y se enfoca hacia un conjunto de afirmaciones o juicios a los que se asigna determinado valor de verdad, entonces se dirige hacia el exterior de uno mismo, hacia el contenido de estas afirmaciones. En ese nivel de conciencia la mente tiene mayor importancia para la toma de decisiones.
“La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”. (Tolstoi)
b) Características de un ser espiritual.
Tan solo hemos esbozado este tema de la diferencia entre religión y espiritualidad. El siguiente punto, las características de un ser espiritual o de cómo reconocer a un ser espiritual, nos acercará un poco más a la comprensión de lo que es la espiritualidad. Podría ser que esa comprensión ayude de alguna manera a quienes en momentos de crisis busquen por este lado salidas a las tensiones que se generen.
Alegría, amor, libertad, paz
San Pablo en una de sus epístolas señala que la alegría, el amor y la libertad son características del hombre de fe. No sería difícil encontrar referencias también a la paz interna. Nuestra maestra se refiere mucho a ella y nos invita a menudo a construir esa paz propia. Podríamos considerar entonces a la alegría, el amor, la libertad y la paz como señales claves que nos permitirían reconocer al hombre espiritual. Estas características se refieren a un aspecto interno, y las manifestaciones externas pueden ser diferentes a las expectativas de la sociedad. Ser amoroso no significa ser amable, ni ser libre excluye un confinamiento en la cárcel. La paz interna no significa eludir la confrontación, ni la alegría descarta la tristeza por la muerte de un ser querido…
Todo es sagrado
El hombre espiritual considera todo el universo como un gran templo. Todos los lugares, todos los momentos, todas las personas, todos los seres vivos, merecen el respeto, el cuido, el amor, ya que todo proviene y nos habla de la Fuente.
Se siente parte de ese universo
Cada ser está unido a todos, a través del tiempo y del espacio. Forma parte de todo lo que existe, e interactúa de manera permanente, mucho más físicamente incluso de lo que estamos acostumbrados a pensar. Por ejemplo, por efecto especialmente de la respiración, forman parte de mi propio cuerpo muchos átomos que pertenecieron al cuerpo de los seres que ya caminaron por este planeta. (Chopra por ejemplo calcula que en el cuerpo de un humano actual existen cerca de un millón de átomos que formaron parte del cuerpo de Jesús).
Trabaja su propio ser
Esta es la tarea. Este es el real servicio. Quienes piensan que tienen una misión especial que cumplir no deben buscar otra sino esta, en sus dos aspectos. Pero con esto estamos entrando en la tercera y última parte de este artículo:
3. ¿Qué tarea debe emprender el ser espiritual?
Trabajar su propio ser
Es necesario repetirlo. El hombre espiritual sabe que la tarea de construirse, de trabajar su propio ser, es ineludible. Además, no termina. No hay límite ni fin al crecimiento interno.
Jesús les decía a sus discípulos: sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto. (Mateo 5:48)
En el Levítico 19:2 se lee que Moisés le dijo al pueblo judío «Seréis santos porque yo, el señor vuestro Dios, soy santo».
Estos dos textos consideran que la misma divinidad es el modelo a alcanzar… Nuestra Maestra, Mataji Shaktiananda nos propone algo muy similar:
“Solo llevo en mí un propósito claro:
Hacer que en ti veas tu propia Divinidad”.
El propósito es acercarse a los niveles de la divinidad. Pero las primeras tareas fundamentales en todo sendero genuino son trabajar las propias sombras. O sea, mucho trabajo, y además no siempre agradable, ya que no le gusta al ego atender sus propias miserias.
Esta tarea conviene concebirla y proyectarla desde antes del nacimiento y más allá del fin de esta vida. Realizarla pasa a ser a la vez el mayor propósito, y el servicio que el universo espera de nosotros. Todos los demás aspectos de la vida se alinean al propósito principal. La forma de alimentarse, las compañías, los compromisos laborales, la ocupación del tiempo, el cuidado de la propia salud y del propio equilibrio, todo se considera desde una nueva perspectiva, en función de la meta: lograr la propia realización y servir al plan del creador. Ambos no son sino como las dos caras de una sola moneda.
Es necesario saber superar las dificultades
Esta tarea no es fácil. Si se trabaja realmente, se despiertan las resistencias propias. Por esto el hombre espiritual descubre que es imprescindible contar con la propia fuerza, disciplina y voluntad. Ejercitarlas y mantenerse siempre atento para avanzar. El que se detiene se retrasa, y fácilmente desiste. Muy pocos llegan a la meta. Por eso si uno no cuenta con suficiente disciplina y voluntad, desarrollar esas cualidades sería una de las primeras tareas esenciales a realizar.
Buscar el gran aliado
El camino es largo, la cuesta empinada, las dificultades y los enemigos se multiplican. Pero quien está decidido encuentra apoyo y resguardo en el creador, cualquiera sea la forma en que se lo llame. La construcción de un vínculo que busca la unión consciente con ese ser, considerado como la fuente, el origen, la luz o el padre, es la clave del éxito en semejante empresa…
Lograr esta alianza consciente, con los muchos que son uno, y aunque les demos distintos nombres y les recordemos o imaginemos distintos rostros, sus historias son parte de la nuestra, al lado de ellos nos sentimos asistidos y en amparo. Juntos salimos del uno y a él volvemos…
Este vínculo amoroso fue el que permitió a Jesús pronunciar la frase «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y entregar su aliento. (Otra vez la respiración consciente…)
Desalojar los miedos, desalojar el miedo a la muerte
Antes de sembrar la buena semilla, el hombre sabio quita primero toda la maleza. Así tenemos que hacer con el sentimiento de miedo, que es todo lo opuesto al amor. El miedo por excelencia que limita al hombre es el miedo a la muerte. Erradicarlo proporciona un sentimiento de libertad y de calma.
Esta calma frente a la muerte no surge de la mente, sino de un sentir profundo. Este nivel intuitivo no descarta una comprensión real e inteligente, pero va más allá de ella. El hombre espiritual ve la muerte como un aspecto o una parte de la vida misma, que no la interrumpe.
Vencer el temor a la muerte permite vencer todo temor, y a la vez gozar de una mayor libertad. Ya se reduce la necesidad de seguridad, ya sea que se exprese en bienes materiales, en contratos de trabajo o en certificado de propiedades.
El estado habitual pasa a ser de paz y confianza, a pesar de la incertidumbre. El cúmulo de dudas y confusiones propias de estos tiempos no logra hacer mella en la seguridad fundamental ni alejar al hombre espiritual de la meta que se ha propuesto: ser un digno hijo del Padre, continuar su obra, creando luz. Trabajando incansablemente en eso día y noche. Al respecto atribuyen a Jesús la afirmación:
«Mi Padre siempre trabaja y por eso yo también trabajo». (Juan 5:17 )
Conclusión
Si empiezas o decides seguir y profundizar tu tarea de construirte como un servidor de la luz, estás advertido. El trabajo es día y noche. Ya se lo decía Don Bosco a los primeros salesianos: «Les prometo pan y trabajo, y el descanso en el paraíso».


Un articulo sabiamente escrito.
Todas las afirmaciones muy bien fundadas en enseñanzas de grandes Maestros .