Escritor y practicante del budismo, Thich Nhat Hanh, aborda sus estudios en dirección al acto de la atención y hacia donde podemos ser capaces de llegar con ella. Su magna aseveración declara que: “El Reino de Dios es la morada de la atención plena y de la compasión… Basta, para ello, con dejar de pensar y de planificar y empezar a respirar plenamente”. Concentrarnos en la respiración y sonreír, nos permite Estar Aquí, con el cuerpo y la mente unidos y eso es ¡estar vivo!
El primer milagro de la atención plena
La presencia
El primer milagro de la atención plena La presencia El primer milagro de la atención plena es la presencia, la presencia verdadera. Cuando la energía de la atención plena mora en tu interior, te conviertes en una persona completamente viva. Cuando la energía de la atención plena mora en ti, el Buda también mora en ti. La energía de la atención plena es la energía del Buda, el equivalente del Espíritu Santo. Y, cuando el Espíritu Santo está presente, también lo están la comprensión, la vida, la curación y la compasión…, y lo mismo sucede con la vida, la estabilidad, la libertad y la curación verdaderas. Todos tenemos la capacidad de generar la energía de la atención plena.
Pasea atentamente, respira atentamente, tómate atentamente una taza de té y cultiva, de ese modo, la energía que mora en tu interior, la energía que te ilumina y que, en última instancia, hace posible tu vida. El primer milagro de la atención plena es que estás aquí, algo muy importante, tanto para ti como para las personas a las que amas. ¿Cómo podrías amar si no estuvieses aquí? Una condición fundamental del amor es la presencia. Para amar, hay que estar aquí. Así son las cosas. Afortunadamente, sin embargo, estar aquí no es muy difícil. Basta, para ello, con dejar de pensar y de planificar y empezar a respirar plenamente. Vuelve a ti, concéntrate en la respiración y sonríe. Estás aquí, con el cuerpo y la mente unidos. Estás aquí, vivo, completamente vivo.
Éste es un auténtico milagro. Hay quienes viven como si estuviesen muertos. Hay personas a tu alrededor que se hallan consumidas por su pasado, aterradas por su futuro y atrapadas en la ira y los celos. Esas personas no están vivas, son cadáveres en movimiento. Si observas con atención, verás, a tu alrededor, gente yendo y viniendo como zombis. Compadécete de quienes viven en ese estado. Todavía no se han dado cuenta de que la vida sólo puede vivirse aquí y ahora. Debes ejercitar la resurrección, una práctica, por cierto, muy sencilla y cotidiana. Gracias a la inspiración, tu mente regresa a tu cuerpo. Así es como revives el aquí y ahora. La alegría, la paz y la felicidad son posibles.
Tienes una cita con la vida, una cita a la que sólo podrás acudir cuando estés en el aquí y el ahora. Si quieres conectar profundamente con la vida, debes volver al momento presente. Todos tenemos la posibilidad de adentrarnos a cada instante en el Reino de Dios y de caminar por la Tierra Pura del Buda. Ya contamos, para ello, con todo lo necesario –piernas, pulmones, ojos y mente– y, con un poco de práctica, siempre podrás generar, en tu interior, como si encendieras una lámpara, la energía de la atención plena.
Y, cuando estés completamente vivo, todo paso que das te adentra en la Tierra Pura y en el Reino de Dios. El Reino de Dios no es un concepto, sino una realidad con la que podemos conectar en nuestra vida cotidiana. El Reino de Dios es ahora o nunca y todos tenemos la capacidad de conectar con él, pero no sólo con nuestra mente, sino también con nuestros pies. Y a ello, precisamente, nos ayuda la energía de la atención plena. Cada paso atento que damos nos establece en el Reino de Dios.
El Reino de Dios es, para mí, la morada de la atención plena y de la compasión. Pero el Reino de Dios y la Tierra Pura no es un lugar en el que no exista el sufrimiento. Son muchas las personas que aspiran a llegar a un lugar despojado de dolor y de sufrimiento, un lugar en el que lo único que exista sea la felicidad. Pero ésa es una idea muy peligrosa porque, en ausencia de dolor y sufrimiento, la compasión es imposible. La comprensión y la compasión sólo son posibles cuando entramos en contacto con el sufrimiento. En ausencia de sufrimiento, no tenemos la oportunidad de cultivar la compasión y la comprensión y, a falta de comprensión, el verdadero amor es imposible.
Es ingenuo pensar en la existencia de un lugar sin sufrimiento, un lugar en el que sólo exista la felicidad. Ya hemos hablado de la naturaleza orgánica de las cosas. También el sufrimiento es orgánico. Las flores sólo son posibles gracias a la basura y, del mismo modo, la comprensión y la compasión sólo son posibles gracias al sufrimiento. No quiero vivir en un lugar en el que no exista el sufrimiento porque, en tal lugar, no podría cultivar la comprensión y la compasión sobre los que se asienta la felicidad. La felicidad depende de la compasión. A falta de compasión, pues, el corazón no puede alcanzar la felicidad. La Primera Noble Verdad del budismo subraya la existencia del sufrimiento.
Si queremos desarrollar nuestra comprensión, debemos mantener un contacto muy estrecho con el sufrimiento. Un buen día, cuando estés contemplando profundamente la naturaleza del sufrimiento, te darás cuenta del modo en que conduce a la transformación, la curación y la felicidad. Porque es precisamente conectando con el sufrimiento como descubrimos la Cuarta Noble Verdad, el camino que conduce a la curación del sufrimiento. La Primera Noble Verdad es dukkha, el sufrimiento. La Cuarta Noble Verdad es magga, el camino que transforma el sufrimiento en bienestar. Las cosas están interrelacionadas, existen en relación con otras, inter-existen, inter-son. Son orgánicas.
El camino que conduce a la cesación del sufrimiento pasa por el sufrimiento. El Buda nos enseñó que, para comprender la naturaleza del sufrimiento, tenemos que abrazarlo y observarlo con mucha atención. No debemos tratar de escapar del sufrimiento, sino observarlo muy atentamente. Y es que, cuando observamos muy atentamente el sufrimiento, comprendemos en profundidad su naturaleza, y se despliega, ante nosotros, el camino de la transformación y de la curación. El concepto de infierno es, para mí, muy sencillo. Es un lugar en el que no hay comprensión ni compasión. Todos hemos estado en el infierno. Todos nos hemos familiarizado con el calor del infierno y sabemos que el infierno está necesitado de compasión.
Cuando hay compasión, el infierno deja de serlo. Y tú puedes generar esta compasión. Tú puedes aportar un poco de compasión y de comprensión al infierno y, cuando lo haces, deja de serlo. Tú puedes ser el bodhisattva que haga eso. Tu práctica consiste en generar compasión y comprensión y dirigirlas al infierno. El infierno está aquí, rodeándonos y también está en nosotros, como una semilla. Necesitamos cultivar lo positivo que hay en nuestro interior para generar la energía de la comprensión y de la compasión y transformar el infierno. El infierno, como el Reino de Dios, está en la vida cotidiana, la decisión es tuya. Podemos conectar con el Reino de Dios en la vida cotidiana.
No es necesario, para ello, viajar a ninguna parte, porque ese reino no se halla en un lugar concreto del espacio y del tiempo. El Reino de Dios está en tu corazón. Está en todas y cada una de las células de tu cuerpo físico. Basta con una respiración sencilla y atenta, basta con una comprensión lo bastante profunda para que establezcas contacto con el Reino de Dios. Eso es, precisamente, lo que hacemos cuando damos un paseo meditativo, despertar la comprensión y la compasión y, cuando lo haces, te adentras en el Reino de Dios…, que entonces se convierte en tu propio reino.


Interesantísimo. El problema es que para alcanzar ese Reino son necesarios otros requisitos