Quien ya ha abierto más su entendimiento, sabe, o al menos sospecha, que la historia del planeta y de la vida humana en éste, nos ha sido contada a conveniencia y de forma compartimentada de modo que la duda no tenga lugar y una gran mayoría ni se interese en indagar por quiénes somos y el para qué estamos.
Los paradigmas surgen a partir de creencias compartidas las que eligen teorías sobre todo lo que se busca explicar, concediendo relevancia a aquellas que mejor responden al asunto de investigación o análisis, dejando espacio para que otra la reemplace en caso de que nuevos descubrimientos den cuenta de mejor manera sobre el asunto en cuestión.
El origen del ser humano se ha abordado en paralelo desde aproximaciones científicas, espirituales y religiosas, estando en mayor proximidad las dos primeras cuando se encuentran en la física cuántica las respuestas coincidentes que nos acercan a una verdad que se concreta en las micropartículas que configuran todo lo que existe.
Y son coincidentes porque en esencia estamos hablando de sistemas de vida que se originan en escalas atómicas moleculares[1] que aborda por un lado la ciencia bajo el lente de la física cuando se aproxima a los elementos subatómicos que conforman todo el universo buscando comprender funcionamiento, dinámicas, alcances; y del otro lado, la espiritualidad para nuestro caso la más exacta expresada en la ciencia védica cuya enseñanza y práctica tiene como alcance la modulación de la molécula de ADN.
El asunto es el propósito de estas ciencias, y lo que nos informa sobre lo que somos en cuanto nuestra configuración, encontrando en la siguiente frase una provocación: “El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena”. No sabemos si su autor el escritor estadounidense Samuel Langhorne Clemens, más conocido como como Mark Twain (por su pseudónimo), lo planteó con o sin mucho conocimiento, lo cierto es que en principio se acerca bastante a una respuesta acertada sobre lo que muchas teorías han buscado explicar y la ciencia se a dedicado a verificar.
La física hoy se enfoca en la comprensión del mundo físico a partir de la observación e indagación sobre lo que se ve y percibe para poder luego actuar sobre esas realidades. Aunque en sus orígenes tuvo un fundamento filosófico al buscar responder las inquietudes de los pensadores en cuanto la naturaleza del espacio tiempo, la referencia al cosmos y los astros para buscar respuesta, el determinismo (asociado a la ley causa-efecto), así como las experiencias metafísicas referidas como empirismo, naturalismo y realismo.[2]
En contraste con la filosofía védica y otras enseñanzas derivadas de ésta como el hermetismo, se centra en la comprensión de nuestra configuración expresada en leyes que regulan la evolución en el universo creado para actuar sobre nosotros primero y de ahí activar el conducto que permita el intercambio arriba – abajo, adentro – afuera para propiciar el cambio en la realidad.
Un lugar de encuentro entonces – como mencionábamos- es la mecánica cuántica, donde las verdades evolutivas nos acercan a respuestas exactas sobre quiénes somos. Cada quien sentirá mayor afinidad en su propia lógica y conexión, lo importante es la posibilidad que nos brindan leyes de tipo evolutivo expresadas en miradas de ciencias espirituales y ciencias exactas para experimentarnos y dar con resultantes, que ojalá sean para decir al final que este experimento valió la pena.
Fuentes consultadas
[1]Knobel Marcelo citado en https://www.nationalgeographicla.com/ciencia/2023/02/que-es-la-teoria-cuantica
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%ADsica#cite_note-:1-1

