Hipatía, hija del renombrado astrónomo Teón, nació alrededor del año 350 en Alejandría, metrópoli famosa por ser un foco cultural para la época y albergar el Museo (centro científico), la Biblioteca y el Serapeum establecidos por Ptolomeo [1]. Su crianza se dio en el seno de una familia de intelectuales principalmente marcada por su padre, director de una prestigiosa escuela quien decidió educarla en su oficio. Así, Hipatia llevó la vida de una respetable académica de la Universidad de Alejandría y fue conocida por dar discursos públicos sobre filosofía y ciencias en el centro de la ciudad.
Podemos destacar su búsqueda por comprender la naturaleza esencial del Ser. A saber, Hipatia filosofaba y enseñaba a partir de las ideas neoplatónicas de Plotino. Esta enseñanza sostenía que el propósito de la vida era alcanzar la realidad última, la cual existe más allá de la mente racional, el pensamiento y el lenguaje [2]. Su filosofía ahondaba sobre la existencia de una Unidad (fuente o mónada) suprema y trascendente que puede ser alcanzada a través de la meditación hacia ningún pensamiento y ninguna división dentro del individuo, considerando toda forma material como una ilusión.
“Sus profundas raíces filosóficas
la llevaron a interesarse por el estudio
del universo y dinámicas celestes”
Las profundas raíces filosóficas de Hipatia naturalmente la llevaron a interesarse por el estudio científico del universo y las dinámicas celestes que conforman los ciclos temporales. Es sabido que ella editó y comentó el Almagesto de Ptolomeo, contribuyendo al desarrollo de los algoritmos necesarios para la computación astronómica de las órbitas solares. Asimismo, se le conoce por haber escrito comentarios a la Aritmética de Diofanto, haciendo que esta compleja obra algebraica sea más asequible para sus estudiantes [3]. Se trató de una mujer con profundas intuiciones intelectuales que se esmeró en transmitir verdades trascendentes a sus seguidores.
Ahora bien, su alcance científico y filosófico solo pudo ser posible debido a su carácter determinado y a sus decisiones radicales de vida. Hipatia decidió llevar una vida de celibato para dedicarse por completo a su labor académica. De hecho, cuenta el biógrafo Damascio que, ante el incesante cortejo de uno de sus estudiantes, ella lo rechazó abiertamente mostrando sus andrajos menstruales ensangrentados diciendo: «Esto es lo que realmente amas, jovencito, pero no amas la belleza por sí misma» [traducción propia] [4]. Nada ni nadie podía interponerse ante lo que ella albergaba como convicción existencial: abandonar la vida mundana e ignorante para enfocarse en el encuentro de la verdad esencial.
“La influencia que tenía
Hipatía en las multitudes
no era de agrado del obispo”
El desafío que representaba su existencia misma no pasó desapercibido para los intereses políticos de los cristianos primitivos. La influencia que tenía Hipatía en las multitudes y nobles no era de agrado del obispo Cirilo y los parabolanos, quienes la concebían como una amenaza frente a sus intentos por esparcir sus creencias religiosas y dominio en Alejandría.
Este clima de tensión desencadenó en su brutal descuartizamiento público y la posterior destrucción de la Universidad de Alejandría y los templos considerados paganos [5]. La intensidad de la Luz que proyectaba Hipatía no pudo ser tolerada por una muchedumbre ignorante atrapada en los vicios del poder y la vida mundana.
Fuentes consultadas (1) https://www.worldhistory.org/Hypatia_of_Alexandria/ (2) https://tinyurl.com/y6uymr4c (3) Cameron, Alan (2016), "Hypatia: Life, Death, and Works", Wandering Poets and Other Essays on Late Greek Literature and Philosophy, Oxford, England: Oxford University Press. (4) Watts, Edward J. (2017), Hypatia: The Life and Legend of an Ancient Philosopher, Oxford, England: Oxford University Press.

