Felisberto Hernández, escritor, pianista y compositor uruguayo, nació el 20 de octubre de 1902 en Montevideo. Hijo de un canario y una uruguaya, a los 9 años comenzó a estudiar piano, profundizando en composición y armonía con el profesor Colling. Dictaba clases de piano, acompañaba la proyección de películas mudas y, más tarde, ofrecía recitales en Uruguay y Argentina que incluían composiciones propias.
Comenzó a publicar a los 23 años y, aunque en vida no alcanzó aceptación masiva, en los 40 abandonó la música para dedicarse a la literatura. Su obra es narrativa breve, a menudo inclasificable o categorizada como fantástica, etiqueta rechazada por su colega y admirador Cortázar, quien, al igual que García Márquez, lo consideraban un maestro. Desarrollada a través de recuerdos de infancia, evoca personas, objetos, musicalidad y sensaciones, un universo personal en el que los individuos son tranquilamente desquiciados y sus obsesiones impregnan la cotidianidad.
Entre 1925 y 1941 publica en diarios y revistas (“Fulano de tal”, “Libros sin tapas”, “La cara de Ana” y “La envenenada”). Luego define el estilo humorístico y fantástico en su libro más importante, el autobiográfico “Por los tiempos de Clemente Colling”, así como en “El caballo perdido”. Su tercera etapa da muestras de mayor extravagancia, como en “Nadie encendía las lámparas” (1947) y “La casa envenenada” (1960).
Ítalo Calvino lo definió como “un escritor que no se parece a nadie, … desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta como inconfundible al abrir sus páginas”.
Murió el 13 de enero de 1964.

