Desde tiempos inmemorables, los delfines han causado admiración. Son animales sociales, poseen una gran inteligencia, son juguetones y muy comunicativos. Los delfines son seres altamente empáticos, pudiendo sensibilizarse incluso por animales que no pertenecen a su especie.
Los cantos de las ballenas y los delfines, convertidos en imágenes a través de una transformación matemática, generan increíbles mandalas y diseños fractales, espejos marinos de la complejidad estelar. En este canto también podemos apreciar la espiral galáctica en la secuencia de Fibonacci, parte de este código formal que unifica a todas las cosas del universo bajo una correspondencia geométrica.
“¿Es aquella la misión de estos seres extraordinarios?
¿La de ayudar a la raza humana en su evolución,
manteniendo una alta vibración del planeta?”
No sería exagerado decir que, dentro de las frecuencias que emiten los cetáceos, hay mandalas, montañas, galaxias y elementos, aún imperceptibles que reflejan la armonía subyacente en la materia, el código ubicuo, nadando en el sonido.
Algunas creencias relacionan las frecuencias vibratorias de los cetáceos con la estrella de Sirio. Otras tradiciones culturales, de igual modo, les dan un sitial especial entre las criaturas de la tierra, adjudicándoles la misión de guiar a los seres humanos en su proceso evolutivo, y de mantener una elevada frecuencia vibracional del planeta.
¿Es aquella la misión de estos seres extraordinarios? ¿La de ayudar a la raza humana en su evolución, manteniendo una alta vibración del planeta?
“¿Cuál es el grado de insensibilidad que
contenemos como humanidad para aprobar
genocidios de animales como práctica cultural
y ser motivo de orgullo?”
Aún así el trato que le damos a estos mamíferos ultraistas es indignante. Anualmente en Japón, Taiji, celebran por tradición la caza de delfines. Este año tienen una cuota de captura de 1849 delfines, de nueve especies diferentes que el gobierno japonés ha permitido matar o capturar esta temporada. El mar se tiñe de rojo cada septiembre durante este evento, donde la cultura local no castiga estas prácticas, por el contrario, celebran cuatro siglos de tracdición ballenera. Incluso hay un museo en Taiji que conmemora la historia de caza de delfines que define a la población local.
En Dinamarca matan a más de 1,400 delfines en una sola noche para continuar con la tradición del ‘grindadráp’. Un hombre se encarga de avistar a la familia de ballenas piloto, y solo cuando encuentra a un grupo nutrido, avisa a los demás cazadores. Ellos le esperan en la orilla, hacia donde dirigen a los cetáceos para recibirlos con lanzas, cuchillos y rifles.
En las Islas Feroe, esta es una tradición de largo aliento: la matanza indiscriminada, injustificada y cruel de ejemplares se considera parte de la cultura local. Las víctimas pueden elevarse por encima de los cientos en cada ocasión.
“Pareciera que el deseo de agresividad
y adrenalina febril no se detendrá, y mientras
eso exista, siempre habrá una excusa para
continuar produciendo masacres”
La causa puede quedarse en la simple tradición cultural de la cual se enorgullecen profundamente, o puede ser por motivos económicos. Un kilo de carne de delfín se puede vender en 500 dólares, un ejemplar vivo en cerca de 12 mil.
¿Cuál es el grado de insensibilidad que contenemos como humanidad para aprobar genocidios de animales como práctica cultural y ser motivo de orgullo? Eso sin tener en cuenta el alto grado de conciencia y sutileza que estos animales contienen y su propósito de asistir a la raza humana en su evolución. El autocentrismo nos ha llevado a creernos la especie más elevada de este planeta, no siendo del todo cierto. ¿Con qué derecho somos capaces de decidir sobre el destino y la vida de otros seres?
No sería extraño esperar que estos seres quieran desistir de su intención de ayudar al planeta y decidan retirarse, extinguirse para no tener que volver a pasar por la masacre sanguinaria a la cual los sometemos sin discriminación alguna.
Pareciera que el deseo de agresividad y adrenalina febril no se detendrá, y mientras eso exista, siempre habrá una excusa para continuar produciendo masacres, ya sea hoy con los delfines, mañana con las ballenas u otra especie que sea económicamente atractiva, o simplemente indefensa.


Es Triste, muy triste…
Gracias , Muy Buena nota.
La humanidad está bajo una influencia de muy baja vibración y hemos tenido demasiadas caídas al parecer la única manera que tenemos de salvar está tierra es ascender y no regresar ya que la evolución está atrasada y la oscuridad avanza bajo rituales y tradiciones que obedecen a otro orden oculto que nadie parece entender o es díficil de asimilar, pero para que exista tanta inclinación al mal sin dudas algo no está funcionando …la voluntad de algunos no es suficiente para terminar con este mal algo más poderoso debiera de ocurrir.
Qué poca vergüenza! Y se dicen naciones civilizadas…. le hacen creer a su población que son lo máximo como personas, ordenados, limpios, etc. Pero la realidad es que tienen una doble moral y esconden una feroz crueldad.
!!!!!!!!QUE LAMENTABLE¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Esas personas, que matan a los delfines, es porque NO han abierto su conciencia, lamentablemente.
A esas personas hay que enseñarles la espiritualidad primero, para que vayan aprendiendo.
Dios quiera que puedan salvarse muchos, para procrear y enseñarnos tanto que tenemos por aprender.
Lei la noticia y vi las fotos de la masacre de Delfines en Dinamarca y simplemente lloré desconsolada, no lo podía creer. La playa cubierta de delfines ensangrentados. Creo que como dice el artículo quizás decidan retirarse. Lo lamento profundamente.
CUANTO HORROR E INDIGNACION PROVOCAN ESTAS PERSONAS.
PERSONAS.