Ahora que vamos en un vuelo directo por variados ejercicios cívicos en elecciones de gobiernos como el de Venezuela, que ya ocurrió, luego el de Brasil, así como las de Uruguay, Chile y Estados Unidos, parlamentarias unas, presidenciales, otras, podríamos decir que aquello que funge como lo polarmente opuesto a la moderación es precisamente la desmesura. Pero, más allá de eso, la exacerbación o amplificación del exceso se ha catalogado como aquello que se asocia con el poder en sí mismo.
Hablamos de un trastorno que el neurólogo y político David Owen, rector de la Universidad de Liverpool, ha catalogado como el Síndrome de hubris (o hybris, del griego, que significa “desmesura”), una alteración que afecta a personas que ejercen el poder en cualquiera de sus formas, y alude a un ego desmedido y omnipotente.
Owen resalta que “un acto de hybris es aquel en el cual un personaje poderoso, hinchado de desmesurado orgullo y confianza en sí mismo, trata a los demás con insolencia y desprecio, causándole placer al verse en una posición de superioridad”. Todo esto referenciado en la cultura griega, donde se muestra el trasfondo de lo que la soberbia es, cuando el héroe, luego de obtener la gloria tras haber trascendido un gran desafío, desprecia la condición humana y adquiere un exceso de confianza en sí mismo.
Se envanece, se emborracha de sí, confía tanto en las propias facultades, que la realidad se le distorsiona al punto de errar en su accionar, para luego ser destruido por su contrincante o némesis, generada por los dioses del Olimpo.
Según los estudios de Owen, la hybris aumenta en intensidad, cuando aumenta la duración en el poder de los líderes políticos, o de los jefes de un Gobierno o Estado. El poder como la habilidad de lograr que otro realice una acción que, por su propia cuenta, en principio, no pudiese hacer, se desarrolla de diferentes formas en sociedades como las actuales, en las que las posiciones jerárquicas, sociales, religiosas, académicas o científicas, propician espacios de poder, que dejan un marcaje en las relaciones que se ejercen entre humanos, e incluso la relación de estos con la naturaleza.
En el caso de la política, se cae en un comportamiento desenfrenado que obliga al poderoso a permanecer, por encima de toda norma establecida, todo bajo el principio acomodaticio de la insaciabilidad de los deseos materiales o de confortabilidad. El poder se ejerce en todo ámbito de la vida en el que impere la dominación. Se fundamenta, como ya hemos dicho, en las relaciones, a través de la fragmentación y la diferenciación.
Thomas Hobbes, filósofo inglés, por su parte, reafirmó la importancia de entregar parte de la libertad humana a una autoridad considerada superior, así como aseguró que el perpetuo e incansable deseo de poder, solo cesaba con la muerte. En ese sentido, si el poder es producir efectos deseados, ¿qué tanto podemos modular esas energías, en favor de nuestros principios evolutivos y evitar la sumisión acrítica?
Y podríamos responder esa pregunta a partir de lo que el autoconocimiento y el dominio de sí mismo implica. Solo la expansión de la conciencia podría dar respuesta cierta de lo que un verdadero ejercicio de poder podría aportar al bien de la humanidad, deslastrando vestigios de egoísmo y alcanzando el estado en el que no hay otros a quienes oprimir, porque sabríamos que, al hacerlo, nos oprimimos a nosotros mismos.
En esa conciencia de unidad podría emerger un verdadero líder, pero los líderes actuales o los gobernantes autoritarios definitivamente no perciben que la fragmentación es primeramente interna y que la unificación debe ejercerse, primeramente, en la propia conciencia.
Fuente:
https://www.siruela.com/archivos/fragmentos/En_el_poder_y_la_Enfermedad.pdf
https://www.psiquiatrialegal.org/sindrome-de-hubris
https://www.siruela.com/archivos/fragmentos/En_el_poder_y_la_Enfermedad.pdf


excelente artículo, el ansia poder lleva a traspasar cualquier limite, el poder en manos de quien no lo sabe administrar es patológico y muy destructivo
Nada más desacertado que el poder en manos de la ignorancia , la cual penetra los más oscuros rincones de la psiquis de un falso gobernante, con poca conciencia , ni entrenamiento en el campo de la verdad del Ser, simplemente vive su experiencia humana desde lo primitivo, creando herramientas engañosas de manipulación, restricción de libertades públicas , y sometimiento en beneficio propio, olvidando el bien común. Unido a otros similar calaña, pone a prueba sus más bajos instintos impone sus verdaderos ideales políticos y culturales; entra en el juego burocratico , se contagia de la adiccion incontrolable de poder, lucro para lograr la hegemonía política, sucumbiendo ante los principios y valores de un buen ciudadano , líder , gobernante en el que el pueblo a depositado toda su confianza.
Estás máscaras se han venido desmoronando ante tanta desigualdad, manipulación, seducción superficial percibida por el pueblo que reclama cada vez más un gobierno justo, igualitario, progresista que los saque de la enequidad y les permita desarrollarse libremente en condiciones de igualdad entre iguales.
Excelente. Muy instructivo.
Gracias. ONS
que interesante artículo, pienso que el poder actual se debate entre la Megalomanía, la soberbia y codicia.