“Ashwines, almas divinas, de numerosas acciones, mantenedores del pensamiento, que aceptan y gozan de las palabras del Mantra con un enérgico pensamiento”
Tercer himno de Madhucchanda. Rig-Veda Samhita. I. Rik 2
Hay una fórmula que puede controlar completamente las fluctuaciones mentales y sacarnos de la conciencia exterior, ese estado de alerta que se caracteriza por la activación de las zonas corticales del cerebro, principalmente las frontales, dentro del proceso natural de los ciclos circadianos.
A esta ecuación se le llama mantra, palabra sánscrita que se origina de las raíces manas, que significa “la mente pensante lineal” y tra que significa “cruzar”, aunque en otras acepciones se asocia con “dispositivo”, “soporte” o “herramienta”. Son sonidos articulados y visualizados a través de revelaciones de sabios antiguos o rishis, pero que son preexistentes en velos superiores de conciencia.
Más allá de ser formulaciones que se repiten para servir de soporte al ejercicio meditativo, son asociados a la idea de “verso”, designando de forma genérica a los himnos védicos. Estas sonoridades nos alinean y conectan con vibraciones sutiles y frecuencias cósmicas, permitiendo la comunión de nuestra pequeña mente con la Mente Superior o Supraconciencia.
La repetición de los mismos disminuye ese diálogo interno que se fundamenta en la narrativas del yo, ese incesante flujo descontrolado de pensamientos que nos sacan del momento actual de acción, llevándonos al modo predeterminado al que los seres humanos nos hemos acostumbrado, eso que actualmente se define como Default Mode Network (DMN) o Red Neuronal por Defecto, que es el sistema de áreas cerebrales conectadas justo para perder el enfoque en lo que sucede en el instante presente.
La DMN se activa con la influencia de pensamientos repetitivos y negadores, que transmiten infelicidad, angustia o estrés, a través de la contemplación inconsciente del pasado o futuro. Por lo que el mantra rescata a nuestra mente de una especie de secuestro infundado por eso que se opone a la claridad de la misma.
Como dice Bernard Enginger, mejor conocido como Satprem, discípulo de La Madre, Mirra Alfassa, en su libro Sri Aurobindo o la aventura de la conciencia, los mantras son alta poesía, música sublime. Son el desvanecimiento de las divisiones categóricas del intelecto en un lugar tan claro y prístino, en el que todo, incluyendo lo profano, es sagrado. Estas vibraciones poseen grados, niveles de alcance, profundidades insondables que se manifiestan frente a conciencias transparentes en sincera búsqueda de la conexión interna con Aquello que nos sobrepasa y a la vez nos contiene.
Estas resonancias se perciben más allá de los burdos sentidos y al ser captadas pueden ser convertidas en sonido y símbolo, trabajo hecho por los más grandes sabios nacidos en este planeta, quienes nos legaron los mantras sagrados más potentes y valiosos, como el atronador Mahamrityunjaya Mantra, el gran conquistador de la muerte.
Ciertamente, estas ondas vibratorias manifestadas en sonidos y en figuras perfectas pueden ser estudiadas, cantadas, impregnadas, pero es importante destacar que los mantras pueden ser repetidos infinitamente, leídos en un libro o escuchados en Internet, pero no poseerán la fuerza justa si no están dados desde la gracia de un Maestro o Gurú vivo en estado de Samadhi. Sólo de esa manera podrá el mantra dar los frutos en sus infinitas variedades.
De hecho, su potente vehículo, el Sánscrito, ha sido el medio a través del cual hemos podido adquirir altísimos conocimientos en ciencia, literatura, filosofía, medicina, entre otras áreas. Es verdad que el pensamiento filosófico moderno y contemporáneo ha producido demasiada teoría, interpretaciones críticas sobre el ser, pero no ha podido estar a la altura de, por ejemplo, un mantra como la primera estrofa del Isavasya, uno de los Upanishads más cortos y dulces, perteneciente al Sama Veda, el cual está cargado de expresiones reveladoras para el alma, en una excelsa disertación sobre la naturaleza de la Realidad conocida como Brahman.
Este y muchos otros himnos o mantras han sido otorgados para la edificación y deleite de los buscadores sinceros que encuentran el Todo en cada partícula de este abarcante universo. Un legado que más allá de pertenecer a una idiosincrasia o nacionalidad, es un regalo para la humanidad entera.
Fuentes:
https://www.neurocirugiachile.org/pdfrevista/v44_n1_2018/padilla-zambrano_p89_v44n1_2018.pdf
https://asurikapilayoga.cl/libros/Aurobindo-El-secreto-del-Veda-Tomo-I-yoga-meditaciA-n-realizaciA-n1.pdf
https://auromaa.org/sri-aurobindo-ru/workings/other/satprem-la_aventura_de_la_consciencia.pdf
https://formato7.com/2022/12/16/un-algoritmo-descifra-la-gramatica-del-sanscrito-despues-de-2500-anos


Me gustan los Mantras !
Que interesante, que hermoso y poderoso efectos de los mantras!!!
Hermoso artículo, El mantra un camino hacia el SER, un camino de lo más bonito. Cada viernes en la escuela valores divinos, en cada sede, se entona el Mahamritunyaya mantra junto al fuego sagrado. Cada viernes es un ritual sagrado que nos inunda de Amor y Verdad.
Gracias por el artículo
Me encanta muchísimas grasias por la colaboración del el despertar de conciencia… Que la luz prevalezca en irradie los corazones, que así sea!