Mario Bauzá, músico instrumentista, compositor, arreglista y director de orquesta cubano, nació en La Habana el 28 de abril de 1911. Comenzó a instruirse en música a los 5 años, en 1918 ingresó en el Conservatorio Municipal de La Habana donde estudió teoría, solfeo, piano, clarinete y otras materias musicales, graduándose en 1927.
En 1926 viajó a Nueva York para grabar con Antonio Romeu y quedó impactado por las big bands de Harlem, al punto que después de tres años decidió emigrar a los EEUU. Tocó saxofón y trompeta en las orquestas de Justo Azpiazú, Noble Sissle y Hi Clark; luego entró en la banda de Chick Webb, fue su director entre 1933 y 1937 e incorporó a Ella Fitzgerald. Asimismo pasó por otras bandas y en la de Cab Calloway incluyó al joven Gillespie. Transitó un brillante período como trompetista en el cuarteto de Machín.
En 1941 formó, junto a su cuñado Francisco Raúl Gutiérrez Grillo, “Machito”, la prestigiosa orquesta los Afro-Cubans. Es allí cuando comienza a producir arreglos en los que combina las armonías del jazz y los ritmos cubanos en busca de la fluidez y el balance entre ambas tradiciones. Gradualmente fue incorporando nuevos y más instrumentos hasta lograr un mestizaje en el que, no solo ningún género perdió autenticidad, sino que ambos se retroalimentaron para dar a luz uno nuevo: el jazz afrocubano.
Grandes jazzistas como Dizzi Gillespie, Charlie Parker y Dexter Gordon colaboraron con los Afro-Cubans y muchos asimilaron la novedad como parte del crecimiento del jazz.
Los Afro-Cubans mantuvieron su popularidad durante dos décadas y tras un breve declive, retornaron exitosamente en los 70. Entre sus célebres piezas se cuentan “Sopa de pichón”, “Tingo-Talango”, “Tanga” y “Mambo Inn”. Ya siendo octagenario Bauzá grabó tres álbumes como solista.
Falleció en Manhattan el 11 de julio de 1993.

