Escribir sobre la ignorancia en un editorial a principio de año es un atentado contra la razón. En principio, porque el desconocimiento no ayuda y la oscuridad es una fuerza impura, cuya omnipresencia es vandálica, destructiva, la cual va al ritmo que imprimen las circunstancias. Es muy sencillo perderse en el vasto territorio de la interpretación que se moviliza en torno a la inconsciencia. La falta de sentido de honradez, del principio del respeto y de la diversidad, bien entendida, de la decencia como criterio ético, y otras demandas que intervienen en las buenas acciones, toda esa ausencia de esos factores, ha facilitado el camino hacia el caos, y lo que es aún más ruinoso, asumir el desconcierto como algo normal.
La ignorancia tiene muchas manifestaciones. Un abundante ropaje. Indumentaria que oculta la pesadez de su propia negación. Divaga y parece que no divaga. Su espacio es categórico. No tiene una edad definida, es tentadora, audaz y abrasiva. Sus facultades son infinitas y actúa donde debe actuar; donde se siente su esmero por el dominio y control. Va a contrapelo de las leyes universales. No hay conflicto en el planeta donde no intervenga ella de manera silenciosa, distribuyendo el germen de la confusión y enalteciendo la imprudencia. Siempre ha estado atormentando a las almas. Un suplicio eterno.
Ciertamente, se ha estudiado la ignorancia bajo las influencias que la subjetividad permite, y en otras ocasiones, con más rigor, sobre todo porque está allí, mora en las almas con absoluta impunidad. No es fácil sacudírsela. A través de una rotunda entrega consciente y transformadora, sin duda, un ejercicio auténtico de autoconocimiento, el despegue hacia la supraconsciencia y la unidad, hacen que esa especie de barbarie espiritual, se diluya. Una batalla y victoria, únicas.
Se ha insistido en que la ignorancia, así como el conocimiento, es una invención de la sociedad. Y toda invención parte de un interés por imponer criterios y desarrollar influjos del pensamiento, y finalmente, dominar. Nadie es completamente sabio ni completamente ignorante. Para intentar comprender los tejidos de tejidos que bordan la anatomía de la ignorancia, su decisiva influencia en el hombre, más para el mal que para el bien, el siempre agudo, profesor argentino, diplomático, de gran pensamiento filosófico, Ernesto Garzón Valdés, elaboró una clasificación de la ignorancia, que conviene repasar.
En ese sentido, aun cuando se ha dicho que la ignorancia es solo una (aquella que nos aleja del propósito), el catedrático elaboró su elección, pero antes, argumentó que su propósito era distinguir entre la ignorancia reprochable, la inevitable y la bienhechora. Estas son: la ignorancia excusante, presuntuosa, culpable, racional, la docta ignorancia, la conjetural, la inevitable y la querida.
Recordaba también el destacado hombre de letras, que murió en noviembre del año pasado en Bonn, a los 96 años, que cada una de estas formas de ignorancia, está vinculada con nombres de filósofos y pensadores, que en su momento analizaron, y sostuvo, además, que las tres primeras son formas negativas. “Las cinco últimas merecen ser aceptadas o bien porque son insuperables o bien porque nos ayudan a asumir nuestra condición humana.
Tal es su autoridad sobre la vida, y observando el panorama de este 2024 y más allá, el eterno devenir de las cosas, no estamos para definiciones concluyentes, pero si para advertir lo que recalca el Mahabharata –un desafiante libro, imprescindible su lectura, ausente en todos esos inútiles juegos de marketing, que postulan los libros más leídos de la historia – en el pasaje donde Dharma interpela a Yudhisthira, y le pregunta.
–¿Qué es el dolor?
—La ignorancia es el dolor, acota el célebre pandava.
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La ignorancia abunda en estos tiempos, donde cuaquiera puede hablar de un tema sin conocerlo, donde se miente descaradamente, donde se apela a la ignorancia del otro para difundir la propia.
Me gusta y quiero recibir sus editoriales y demás publicaciones
Siempre gracias!
Gracias por tan importante documento sobre la ignorancia gracias
¡Om Namaha Shivaya! Contundente e incisivo editorial para el comienzo del año. Muchas gracias por el impulso.
Excelente artículo ! .. lo verdaderamente lamentable en la vida es no saber (estar consciente) que no sabes .. otra gran barrera es creer que ya sabes, por que cuando crees que ya sabes algo, automáticamente cierras la puerta a aprender mas de ese tema .. puedes saber algo de algo, pero tu ignorancia siempre será mayor que tu conocimiento. Saludos.