Ya lo dijo Nietzche en el siglo XIX: Dios ha muerto. Si hay una palabra totalmente desgastada y mal utilizada en este mundo y que abarca todo es justamente Dios. A partir de eso, podemos ver que poco a poco nos estamos matando entre nosotros, pero también poco a poco nos estamos matando a nosotros, vamos perdiendo nuestra capacidad de razonamiento, discernimiento e imaginación, hemos caído en un razonamiento sistematizado, hemos perdido el pensamiento puro.
Ni la filosofía (la señora del pensamiento), ni la historia (patrona de las ciencias del espíritu) parecen ocupar ya el privilegiado lugar que tuvieron en tiempos. En el mejor de los casos a ambas les ha cabido la suerte de la especialización.1
Vamos perdiendo también nuestro vocabulario y nuestra forma de expresarnos. Poco a poco la lectura va decayendo y el tiempo que pasamos al frente de un teléfono o una máquina se va incrementando.
Cada vez dependemos y disponemos de herramientas virtuales que son en parte las causantes de que se vaya perdiendo esta capacidad de razonamiento. Esto es cada vez más evidente, estamos entregando y otorgamos la verdad a agentes externos. Una encuesta de Microsoft y Carnegie Mellon con trabajadores del conocimiento encontró que cuanto más confiaba alguien en la IA, menos pensamiento crítico decía aplicar. Como un ejemplo de esto es conductores siguiendo al GPS hasta meterse en un lago.
El cerebro es músculo, y si no lo fortalecemos se atrofia, por lo que al dejar de razonar vamos perdiendo esta cualidad. El cerebro deja de construir aquello que no se ejercita.
La esclavitud moderna no requiere de cadenas ni de un amo externo: se disfraza de libertad y de autoexplotación.2 esto es porque ya no necesitamos que nos obliguen a estar ocupados o a hacer algo, nosotros nos hemos entregado y nos convencemos de que somos productivos; por otro lado, cada vez somos más maleables, con la globalización y acceso a internet el algoritmo está diseñado para manipularnos y para fragmentarnos.
Cada vez es más difícil tener claridad de propósito. Es sabido que en las eras oscuras nacieron las religiones para darnos muchas respuestas existenciales, hoy la Inteligencia Artificial es parte de esto. Se ha aprovechado esta confusión general para darnos respuestas inmediatas sin necesidad de discernir y eso hace que mucha gente opte en tener a la IA como su nueva religión.
Meghan O’Gieblyn, en God, Human, Animal, Machine, cuenta cómo pasó del cristianismo evangélico al transhumanismo y se dio cuenta de que eran las mismas preguntas con otro vocabulario.
Es importante tomar en cuenta que la confusión y el caos que estamos viviendo hoy es nuestra propia creación, somos nosotros quienes, por medio de nuestra confusión proyectamos lo que estamos viviendo y al mismo tiempo somos los responsables de todo lo que hemos permitido morir.
La buena noticia es que somos los responsables de no permitirlo y renacer en consciencia.
¿Qué es lo que nos queda? sostenernos.
1.Norberto Bobbio. Jurista, abogado, filósofo y politólogo italiano
2.Byung-Chul Han. Filósofo y ensayista surcoreano





