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Consciencia

La odisea sin retorno, o la derrota de Ulises

Somos lo que hacemos, lo que nos procuramos, lo que definimos, lo que decidimos. Pensamiento, palabra y acción, se complementan para ajustar la estructura que creemos ser. Y en ese envoltorio, se cuelan los ruidos. Se hace imperativo la necesidad de aislarlos sopena de que sigamos atendiendo a las tentadoras y bien…

Rafael Giordanelli · 29 de octubre de 2026 · 4 min de lectura

La odisea sin retorno, o la derrota de Ulises

El bullicio de las ciudades despierta temprano y anuncia a sus habitantes la salida al ajetreo cotidiano, a ese viaje fuera de sí mismos, de este exilio del alma, para “ganarse la vida”, perdiéndola.

Reclutados por ejércitos desconocidos, los seres humanos son llevados a consumir su propio tiempo, empujados a sostener una batalla despiadada sin su inicial consentimiento.

Pero, muy profundo, en su interior, van cayendo en cuenta que esto es un engaño, un “Caballo de Troya”, para darle el triunfo a un poder exterior despiadado, ajeno, frente al cual se inclinan.        

Las noticias son apocalípticas y conspirativas, vociferan panfletos de todo tipo, que, en su monólogo, cercenan el diálogo.

Al llegar a casa, cada miembro se aísla para entregarse a sus celulares, los cuales ejercen un total dominio sobre la misma voluntad. Se consumen contenidos de todo tipo, imponiéndose la inteligencia artificial, que decide por ellos. Han perdido casi por completo la capacidad de conocerse y relacionarse personalmente,  haciéndose más fácil la comunicación a distancia, a través de las redes, donde es posible disfrazarse y presentarse como quienes no son.

Más tarde, todas las pantallas se encienden, para quedar hipnotizados e inmóviles frente a series televisivas diseñadas para capturarlos por horas y días enteros. Distanciándolos de su propia realidad y de los seres que crecen a su lado.

Las celebraciones y reuniones son acompañadas de música a muy alto volumen, generalmente básica, de contenido decadente, vulgar, degradante y agresivo.

El verdadero ruido, el más fuerte, es el que queda resonando internamente, después del constante bombardeo de información. Este es el parloteo, el eco, que va generando los niveles más altos de estrés y que termina por desquiciarlos “silenciosamente”. Las diferencias aumentan, se presentan las discusiones, las guerras, las peleas, los divorcios, la ansiedad y el suicidio. Esta es  la radiografía de nuestra actual sociedad, que ha cedido el control de sí misma y ha permitido ser desprogramada.

Nos encontrarnos ahora lejanos, en un mundo donde no nos conocemos ni nos reconocemos.

Emprendimos nuestra propia Odisea inconsciente, perdiendo las batallas. Nos entregamos a los grandes empresarios, similares a un cíclope gigante, con un solo ojo, que solo ve para sí mismo y  al cual no logramos cegar, sino que, por el contrario, aceptamos unirnos a su rebaño terminando por ser su carnada, entregando lo mejor de nosotros y dejando el pellejo para su interés y beneficio. Por otro lado, el hechizo de la oferta de productos y el mercado, nos ha convertido en cerdos, vivimos deseando el placer cada vez más, haciéndonos insaciables en nuestros apegos.

Caemos al fondo del mar de la seducción y nos ahogamos, oyendo el cantar incesable de sirenas, que nos tientan a la lujuria, el sexo y la infidelidad, con el costo de la destrucción del hogar.

Vivimos para adquirir las cosas que otros nos quieren vender, sin preguntarnos nosotros mismos si las necesitamos o no. Entregamos el control de nuestras decisiones, de nuestra vida, a un poder que ignoramos, pues resulta más fácil no pensar y permitir que otros piensen por nosotros. La inseguridad crece y el miedo es la materia prima para el reclutamiento y secuestro de la consciencia. Para nadie es un secreto que somos espiados deliberadamente a través de la  tecnología instalada en nuestros propios dispositivos, para generar los algoritmos que nos conducen al adoctrinamiento y el consumo compulsivo.

La literatura clásica nos presenta a Ulises, dentro del linaje de Zeus y por el lado materno, en descendencia de Hermes. Asistido, favorecido y protegido por la diosa Atenea. ¿Sería esta conexión con la divinidad, aunada a su valentía y astucia lo que derivó en el éxito de su empresa? ¿Acaso nos dice algo de nuestra desconexión en la consciencia del Ser?

¿Aceptaremos la derrota? ¿Mantendremos el alma en exilio? O asumiremos la verdad, para darnos cuenta que hemos estado fuera de nosotros mismos, que dejamos la puerta abierta a los ladrones de nuestro hogar, nuestro reino y nuestra reina, ese precioso poder femenino intrínseco, a merced de pretendientes paganos.

 ¿Tendremos la fuerza heroica para escapar de todo ese ruido y en un respiro, en el silencio del alma, recuperar la memoria, tomar el arco y dar con la flecha en el blanco?

Bibliografia.

Homero.La Odisea. Biblioteca Mundial Sopena. Argentina 1952

https://www.worldhistory.com

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