La juventud es maravillosa. Nacemos con las llaves de nuestra vida, pues las llevamos en el alma, y aunque en la niñez no requerimos mucho usarlas, en la pubertad nuestra curiosidad despierta nuevos caminos y puertas que queremos explorar. Es una etapa en la que nos vamos quitando el velo protector para aventurar a descubrirnos por y para nosotros mismos la vida y el mundo que nos rodea.
Hemos ya acumulado un conocimiento básico, contamos con algunas herramientas internas y se nos abre de la nada un apetito por querer más. ¿Más qué? Más de todo. Muchas décadas después comprendemos que el tiempo es intrascendente para la existencia del alma y que los deseos no son más que una aprehensión del ego, pero de los 13 a los 20 años, la adolescencia es una etapa en la vida humana que se caracteriza por ser una incontrolable cascada de cambios físicos, químicos, de nuevas emociones, sentimientos, de descubrimientos de uno de mismo, de nuestro alrededor, un tiempo de resaltar los ideales y querer luchar contra las injusticias.
Nos hierve la sangre por cambios, y nos frustra la incapacidad por no saber cómo hacerlos. Los días pasan entre momentos extremos de felicidad y tragedia en los que nos sentimos entendidos por nuestros similares y contrariados por el resto. Así, la adolescencia deambula por una delgada línea entre la magia de ser y la ilusión en la que vivimos. Hasta aquí la generalidad.
Sin embargo, aunque toda época humana ha tenido sus dificultades, no podemos negar que la época que hoy vivimos es diferente a toda la historia humana. La tecnología ha alcanzado a desarrollarse a tal punto que ha rebasado en precisión y racionalidad al humano, presentando un reto más para los jóvenes. Uno al que son adictos y que al mismo tiempo amenaza con reemplazarlos en su futuro inmediato.
De fondo, porque atenta contra su desarrollo psíquico, suplanta las emociones y asfixia la necesidad por el silencio al imponer un ritmo constante, inmediato e insaciable por estar conectado y comunicado. Una sensación ficticia que es ansiedad disfrazada. La sociedad moderna es un mundo más polarizado, soez, crudo, contrastado y desvalorizado que aquel en el que crecimos muchos de quienes leen estas líneas. Son cada vez más las contradicciones con las que lidiamos y el balance sigue siendo la respuesta a la tranquilidad. Alcanzarlo es el juego.
¿Pero qué hacer y cómo transmitirles a los jóvenes lo que es en verdad importante? Es la pregunta natural a hacerse, ya que quedarse cruzado de brazos no sirve.
Los jóvenes hoy están bombardeados por una cantidad de información que no pueden procesar. Sin embargo, son también por naturaleza desafiantes y contradicen todo. La invasión y sobre uso de pantallas ha logrado aislarlos más en lugar de volverlos participativos, pero al mismo tiempo los han vuelto más competitivos y pretenden que lo saben todo. Y no es así, el conocimiento no es igual que el saber.
Los buscadores y plataformas no son siempre fuentes fidedignas de información y sin la experiencia no se alcanza el entendimiento. El solo uso de pantallas y la radiación que emiten, impactan su cerebro y los ojos, ya son razón suficiente para producir un desbalance emocional y de comportamiento. A esto hay que sumar el amplio espectro de imágenes, noticias, memes y comentarios que jalan la mente de un lado al otro sin permitirle concentrarse, ejercitar el pensamiento y aprender a discernir antes de actuar.
La presión social ya no es solo local, sino que cualquiera en el mundo puede opinar y en nombre de la “libertad” hemos logrado que la equidad, la igualdad y la fraternidad humana se conviertan en un bullying a la identidad individual en la que participan hasta robots. La agenda es dominante y no busca la paz ni el desarrollo, sino la lenta separación del todo. La mayoría de las personas no están contentas con nada, y se puede argumentar por todo.
Hemos ido perdiendo el sentido de reflexión, y por pereza mental dejamos las decisiones a influencers que están tan manipulados como sus influenciados. Con el avance de la tecnología, la automatización del pensamiento es clara, «, y con ello peligra que llegue una atrofia mental, pues el pensar es un ejercicio diario y muchos jóvenes no quieren hacerlo. Prefieren, igual que con la comida chatarra, dejarse llenar de dulce, fritura y saborizantes, más que el desarrollar un paladar y conocer qué y qué no les gusta.
Internamente, los adolescentes suman todas las amenazas de su mundo exterior -clima y desaparición del balance ecológico, guerras y conflictos, injusticias sociales, economía, rebase tecnológico, educación deficiente, falta de oportunidades, vicios, identidad sexual, etcétera, y se produce temor en ellos. Albergan pocas expectativas por una vida mejor en su futuro y es natural que se sientan amenazados. No es de sorprenderse que los desbalances psiquícos-emocionales, la depresión, ansiedad y los suicidios han ido en aumento. “El monstruo es muy grande” piensan. Y esto hay que reconocerlo como adultos, pero a la vez, hay que fortalecerlos de confianza, recordarles a sus héroes internos, a esa capacidad de transformación que llevan dentro y que ha sobrellevado a la humanidad a lo largo de su existencia.
Hay que quitarles la idea que todo se acaba, sino al contrario, hay que hacerles ver la capacidad que tienen como capullo de florecer para dar belleza y vida al mundo que los rodea. Que esta es necesaria y que el mundo cuenta con cada uno de ellos. Hay que hacerles ver que la tecnología es solo una herramienta y que es a su voz interior a lo que tienen que hacer caso y atender. Las delgadas líneas en la vida se cruzan con experiencia o con sabiduría.
Con la experiencia se aprende si cruzarlas causa crecimiento o dolor. Con sabiduría se generan vías para discernir al tiempo que se construye el intelecto. Además, si al llegar a una conclusión la respuesta es afirmativa, se puede pasar a la experiencia y disfrutarla sin lastimarse uno ni dañar a otros. Hoy más que nunca hay que enseñar a los jóvenes a encontrar el balance y ser fuertes al mismo tiempo que sensibles; hay que enseñarles a dialogar y no a destruir; a convivir en lugar de competir. Darles disciplina y límites de una manera muy amorosa para dejarlos desarrollarse por sí mismos sin mermar su potencial. Apoyarlos para que se vuelvan responsables y cumplidos consigo mismos.
El estado mundial presente es resultado de decisiones pasadas, pero no sirve culparse del pasado y menos de lo que estuvo fuera de nuestro alcance. Hay que concentrarse en nuestro presente individual para heredar un mejor futuro. Hay que fortalecer el arte, la cultura, la educación, el autoconocimiento. Los buenos hábitos crean determinación y fuerza. Como adultos, donde dan ganas de llorar y quebrarse hay que sostenernos con paciencia y amor. Dar el ejemplo sin vicios ocultos. De los jóvenes, hay que aprender a reírse siempre, a jugar, a disfrutar el momento y aventurarnos con ellos a impulsar a la humanidad en una dirección más alineada con los valores, la ética y el crecimiento interno.
Mostrarles que ver las cosas diferentes vale la pena y que esta visión puede, en efecto, transformar la realidad. Pues el cuerpo se cansa, pero el espíritu no se fatiga. Así lo han demostrado muchos antes de nosotros. No hay que dejarse atrapar, sino hay que saber escapar de las jaulas propias. El valor de una espada no es su capacidad de herir, sino su capacidad de reflejar la luz en su filo y cortar la luz, el contraste, y así todo aquél dispuesto a dejarse tocar pueda desvanecer su mirada ante lo inmortal.
Alea iacta est, es tiempo del alma y de que la juventud florezca con toda su potencia.
Fuentes:
- https://www.infocop.es/los-niveles-de-ansiedad-y-depresion-en-la-poblacion-siguen-siendo-altos-segun-la-oecd/
- https://www.paho.org/es/noticias/10-9-2024-dia-mundial-prevencion-suicidio-2024-cambiando-narrativa
- https://www.infocop.es/cambiando-la-narrativa-sobre-el-suicidio-dia-mundial-para-la-prevencion-del-suicidio-2024/
- https://www.hhs.gov/es/surgeongeneral/priorities/youth-mental-health/social-media/index.html
- https://www.helpguide.org/es/problemas-de-la-adolescencia/las-redes-sociales-y-la-salud-mental
Foto: Frepik_Ai


Muy interesante y ella información