El hombre de bien suele estar en una actitud de asombro ante los fenómenos elementales de la naturaleza. Comprende que la verdad habita en las profundidades y también en las superficies. La sencillez es portadora de sabiduría. Sabe moverse en las totalidades de los hechos, de las cosas, y como decía Plinio, el Viejo, el hombre nace desnudo y se pone a gimotear desde el principio. En ese salvaje recorrido que le ofrece la vida, se interna en su cultura, adquiere ideas y creencias, se metamorfosea de tal forma, que abraza al autoengaño y el engaño, con tal frenesí, que asume una lógica conductual para lo cual no hay manera de que la verdad no sea otra cosa que su verdad. Toda circunstancia es adaptable a sus procesos. Su pensamiento es la medida de las cosas.
He aquí una criatura empecinada. Un ego implacable. Nos preguntamos, ¿cuál es el lado débil de ser humano? Tiene varios frentes abiertos. Hay uno que destaca con machacona destreza: el Yo que quiere sobresalir, llegar hasta la cumbre, desafiar las leyes, no distingue, sino que va contra la misma naturaleza del aprendizaje cognitivo, porque en ese autoengaño dispone de una curiosa capacidad para convencer, creyéndose sus propias mentiras, lo que hace más eficaz el proceso. Se trata de un tipo de sofista redivivo, la peor extirpe, versado en el triunfo argumental, no en la verdad.
Los políticos actuales, es decir, los de siempre, han capitalizado la retórica como un bien material, de enérgico impacto. Cuando estructuran un juicio no tienen escrúpulos para ampararse en los archiconocidos métodos de pensamientos indecorosos, falaces, tremendistamente convincentes. No hay verdad. Hay estética y una falsa moral. Eso sí, encantan. Saben cómo combinar ritmo, armonía y melodía. Zorros viejos del lenguaje. La obra que define su actitud es el engaño. Es la fase superior del autoengaño. Dar verosimilitud al fraude. El acto de mentir fluye cuando te engañas a ti mismo.
Allí percibimos al no ser ocupándose del no ser, en sus determinaciones y principios. ¿Acaso no es la tendencia en todos los órdenes de la vida – y para muestra las ráfagas de conflictos bélicos y de otros órdenes que engendra la humanidad en la actualidad -la hostilidad y el desafío sistemático? ¿De dónde nace la dificultad? Al no haber compromiso con el ser, la vida se convierte en un espectáculo decadente. Allí se oculta la huella de lo que pudo haber sido el ser; es la presencia de la ausencia de amor propio. El sujeto se ve impelido hacia los tiempos que vienen.
El engaño y autoengaño como sustancia inteligible, un velo más, que nos dificulta la compresión de las cosas. Si el objeto de la metafísica es el ser, la ciencia de lo trascendente,1 no podría haber un saber racional, en el sentido de intervenir en las verdades absolutas, supremas, o supraconscientes, partiendo de una impureza categórica como es la mentira.
Del engaño deviene el engaño. Edificar sobre el aire tiene varios problemas, uno de ellos es que el hombre renuncia a su fractalidad cósmica, a su yo interior, y él mismo decreta su interminable condena. Pudiendo redimirse, se obstina de tanta bondad. La ignorancia metafísica es una categoría estelar.
Más allá de “ciencia primera”, o “filosofía primera” como la denominaba Aristóteles, y en otros de los tantos sentidos, ciencia del ente, o saber de la realidad radical, incluso pseudociencia, la prestidigitación interpretativa que sostiene a la metafísica es un abuso del lenguaje (Hume). Y es que, como juego de las ilusiones, con o sin referencias tangibles, el engaño no escapa a esa realidad metafísica que hace un esfuerzo, previa tanteo al nivel de conciencia- para organizar a la conducta humana y darle una orientación divina.
El hombre, disminuido y autoengañado, sigue gimoteando, pero tiene salida.
Fuentes consultadas
1 Mora, Ferrarte. Diccionario de Filosofía.
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Estamos atrapados en un paradigma banal, en la insignificancia… en este momento la balanza se inclina en contra. Nos seguimos auto engañando y autodestruyendo, creyendo que la muerte no puede ser derrotada, y así vamos alimentando el estado de separación. Es claro que todos tenemos poder para escoger nuestra realidad, son nuestras acciones las que nos conectan con la luz o la oscuridad.
Si es mi elección, tu elección, nuestra elección, porque no actuamos ??
En la medida que elijamos acercarnos a la luz , transitaremos hacia la verdad , venceremos la oscuridad y revelaremos nuestra verdadera naturaleza influenciando positivamente al Ser colectivo.
un personaje de A. Camus la describe la mentira » como ese hermoso crepúsculo que nos hace valorar todos los objetos»; parecería retórica política y la razón del auto engaño.
gracias x esa editorial.
el mentiroso solo es feliz mientras dice la mentira, el resto del tiempo sufre o por decir la verdad o por ser descubierto porque no hay peor que te digan MENTIROSO
buenos días,ante todo muchas gracias,las publicaciones son de alta profundidad.Mi inquietud es como edificar una conducta creíble,ante tanto engaño manifiesto.Hay una necesidad cotidiana de vincularse,
El que se engaña es virtuoso porque conoce la verdad más que otros. No existe forma mas pura, pues desconoce «su» verdad la cual es siempre engañosa y así entonces reconocerla duele de forma inconmensurable. Su artículo me agrada .
excelente gracias, gracias, gracias! por compartir!
LA VERDAD ES CONOCIDA POR TODOS PERO EL EGO HACE LO IMPOSIBLE POR NEGARLA Y SE DA EL PRIVILEGIO DE OSTENTAR LA VERDAD POR LA MENTIRA