Por Mataji Shaktiananda
La noticia tiene una semana rodando en titulares por todo el orbe. Desde que la pandemia comenzó, empezó el conteo, susceptible a los manejos que cada país, al antojo, hiciera con sus muertos. Nunca antes la muerte fue tantas veces noticia y estuvo tan lejos de la verdad. Paradoja que arrastran los medios con sus controversiales verdades al titular con la muerte, porque siempre es noticia. Situada en la zona roja que suelen tener las inhumanas crónicas.
Igual que la muerte, las cifras rondan, acechan. Dentro del manejo existencial humano, estas estadísticas han sido un índice del cómo vamos y quienes vamos siendo, entiéndase: índices delictivos, suicidios, homicidios, bien seccionado como es ahora -femicidio, mariticidio, parricidio y un largo etcétera- muerte por causas naturales, por enfermedades crónicas y así. Toda mortalidad cae y recae, en cifras. No solo de pan vive el hombre, también de sus muertes. Es un asunto de primera necesidad, porque es lo que rige, en toda forma a la vida. Lo que queda de ella, de cualquiera, de todas. De tanto que nos aterra la muerte, por ignorar, malentender e ignorar, es inconscientemente lo que más atendemos y porque va a la par del instinto, el de sobrevivencia.
Nacemos para morir, morimos para nacer; lo demás es ganancia. Y decimos así para no perder la tónica de la estadística, de la plusvalía, ese valor agregado que la vida misma tiene, más cuando reconocemos su magnitud.
Las cifras rondan, decía, como casi todo en esta vida, en este mundo. A cálculo y medida, tras el conteo es la cifra, los números, la cantidad, esa exactitud matemática la que genera el orden de todo. Y qué de la inexactitud humana. Que nadie se engañe. Somos y estamos entre mentiras, manipulaciones, encubrimientos, mal ajustes, acomodos y falsedades.
Este millón es una sumatoria de restados. Así quedamos esta semana, sumados en resta. ¡Y vaya que lo es! Lo seguro es que tal cifra sea incierta. No sea verdad pese a ser la noticia de la semana. Son idos sin estadística fiel. Qué triste.

Un millón redondo, con sus seis ceros a cuestas con variopintas intenciones, y cada quien sabrá qué hace en su conciencia con eso. De todas todas: nos resta. Sí, somos menos. Menos en todo. Porque si se tratara de quienes solo se fueron a otro plano, pero existe los que creen otras cosas y sostenemos que solo hubo un desplazamiento de espacio-tiempo. El lugar es lo menos importante, aunque se entienda o no.
Toda esa gente, personas, seres, almas, espíritus, espectros -el supuesto millón- sintieron la tensión existencial actual tanto como los que aún permanecemos aquí, de una pandemia conocida y llena de rumorear social, que si creada, que si planeada, la palabrita definitoria: “Plandemia”. Al zipote los eufemismos. Seamos serios. Que sí, todos estamos en la mira de alguien y más en la de nosotros mismo. La desbordada superpoblación, como masa inconsciente que nos llevará indefectiblemente al Omnicidio.
Un millón de almas que ya no están, así es sin código de barra, sin etiqueta, sin nada. Se fueron de aquí, solamente.


Excelente, cada escrito en su esencia. Para mi, La Escuela de Valores Divinos, desde, mi iniciación me llena de conocimientos puros que aprecio en mi proceso de transformación asumido con una firme promesa en continuar con mucha constancia cada enseñanza ofrecida. » … Un encanto que despierte lo que haya que despertar»… Así, voy. On Namaha Shivaya.
MA! Sabias palabras escritas por vos. Si, la vida, como se dice en Mexico, no vale nada. Sin embargo para quienes transitamos un camino espiritual es muy valiosa. Agradezco infinito el estar donde estoy. Un abrazo consciente.
Excelente reflexión.. la cual nos recuerda que solo estamos de paso por este plano