Franz Kafka, escritor checo, nació en Praga, Imperio Austrohúngaro, el 3 de julio de 1883, en el seno de una familia judía. Hablaba checo y alemán, y aprendió algo de francés. Comenzó estudiando química, se inclinaba hacia la literatura, pero su autoritario padre, con quien tuvo mala relación, lo obligó a estudiar derecho.
Trabajó en una compañía de seguros hasta su jubilación, adelantada en 1922 debido a su enfermedad, y cuyo horario le permitía dedicarse a escribir, además de inspirar algunas obras. Empezando el nuevo siglo realizó algunos viajes, se asoció con un cuñado en una empresa, se sumergió en el idioma y la literatura yiddish, exploró el judaísmo y publicó “Contemplación” que no tuvo resonancia.
La obra de Kafka es incluída en el modernismo y el existencialismo, fue reconocida póstumamente gracias a su amigo y editor Max Brod, quien incumplió su deseo de destruir los manuscritos inéditos. Entre ellas, las más notables son “La metamorfosis” (1915), “El proceso” (1925) y “El castillo” (1926).
Su estilo integra elementos oníricos y metafísicos con la realidad del momento, sintetizándolo en el absurdo, el sarcasmo y la lucidez sobre aquello presente detrás de dicha realidad. Escribió novelas, novelas cortas y relatos, y abordó multiplicidad de temas como la ansiedad, el conflicto paterno-filial, la violencia, el sadomasoquismo, la burocracia, el desamparo del hombre y la espiritualidad.
Su obra también ha recibido múltiples análisis e interpretaciones, desde el punto de vista literario hasta el sociológico y político, pasando por el psicológico. Lo que sí es unánime es su relevancia e influencia en la literatura universal, hasta el punto de usar el término kafkiano(a) aplicado a situaciones descabelladas y angustiosas.
Falleció en un sanatorio de Kierling, el 3 de junio de 1924.

