En este mismo momento la luz de la pantalla entra por los ojos para ser decodificada por el cerebro como una imagen comprensible de las letras. Simultáneamente algún sonido ingresa por el canal auditivo para ser transportado al sistema nervioso central, en donde será entendido por la razón. Cada olor, cada sabor, cada sensación y, en suma, cada percepción, por ínfima que sea, viaja como un torrente de impulsos neuroeléctricos que el cerebro transforma en una imagen coherente y ordenada de la realidad. Esto sucede segundo tras segundo a una velocidad inimaginable, en donde las neuronas son las transmisoras del proceso sináptico en una cadena de comunicación perfecta que sirve a la intelección, la percepción sensorial y demás procesos cerebrales.
El doctor Fred Travis, neurocientífico estadounidense de larga trayectoria en el campo de la meditación y su impacto en el cerebro, y quien ha publicado decenas de libros, conferencias y artículos al respecto, afirma que el funcionamiento del cerebro es más similar a un río que a una roca. El cerebro es cambiante, dice Travis, puesto que el 70% de las conexiones neuronales mutan diariamente. Por ende, también es un órgano altamente impresionable, y es mediante la repetición de los patrones de procesamiento sináptico que aprende costumbres, hábitos y comportamientos.
“¿Qué hay de la meditación y prácticas
contemplativas cuyo objeto,
es modular la actividad cerebral?”
En nuestra experiencia subjetiva esto se conoce como el acto de la percepción y el pensamiento, en donde los estímulos externos generan una actividad cerebral neuroeléctrica que transporta la información por los diferentes lóbulos y demás espacios con el fin de procesarla adecuadamente. Aquello que genera placer condicionará el apego, y lo que nos produce dolor, por lo contrario, generará rechazo.
Ahora bien, ante esa magia que resulta ser el cuerpo humano y particularmente el cerebro, el vehículo de la mente, nos maravillamos de forma inminente. No sólo porque existen más conexiones en el cerebro que estrellas en nuestra galaxia, sino también porque son justamente esas conexiones lo que nos permite tener inteligencia, esta percepción particular del mundo, lenguaje y todo aquello que nos distingue fisiológicamente de los otros animales. Si bien en el cerebro yace una clave importante de lo que representa el Homo Sapiens, ¿qué hay de la meditación y de las prácticas contemplativas cuyo objeto, de hecho, es modular la actividad cerebral?
La tradición del yoga
Maharishi Patanjali, padre milenario del Yoga, en el segundo verso del primer capítulo o Pada de su obra magna, los Yoga Sutras, define el estado del yoga como un estado en donde cesa por completo la actividad mental. Fred Travis interpreta esta idea como la suspensión de la actividad mental en lo que el concibe como la “coherencia cerebral” entre los dos hemisferios, el izquierdo y el derecho. Cuanta más coherencia cerebral haya la meditación será más profunda, hasta eventualmente suspender por completo toda actividad y alcanzar lo que los Sutras llaman “el estado del yoga”.
Siguiendo esta línea de conocimiento yóguico tradicional podemos reflexionar, justamente, sobre el hecho de que en la Tradición Védica se encuentran las descripciones de los estados más profundos del Samadhi, otro nombre del estado del yoga. Por testimonios del siglo anterior -que incluso están grabados en video, como los Mahasamadhis de Swami Sri Yukteswar Giri o el de Swami Sivananda Saraswati, entre otros, hoy en día se conoce que el estado de iluminación se describe como un estado de absorción mística sin aliento ni pulso.
“El estado del Nirvikalpa está dispuesto
para el ser humano que con voluntad,
practique la disciplina del yoga.”
La fisiología se transforma por completo, la respiración cesa e incluso el corazón puede llegar a detenerse si este inmenso logro se ha asentado en el practicante. Los ojos se concentran en el entrecejo y la postura se mantiene con naturalidad por un tiempo indefinido, con la conciencia absorta en el Ser. Este estado se conoce como Nirvikalpa Samadhi. La experiencia de decenas de yoguis consumados en su conciencia es el garante de que tal posibilidad está dispuesta para el ser humano que con voluntad y ahínco practique la disciplina del yoga hasta sus últimas instancias.
Lo que la ciencia alcanza a entender
Si bien el estudio neurocientífico de los fenómenos religiosos y espirituales ha avanzado sustancialmente desde los primeros estudios realizados hace más de 30 años, este campo de investigación aún se encuentra en sus etapas incipientes y por ende su comprensión sobre estos fenómenos es aún limitada. Hay muchos desafíos metodológicos únicos que enfrenta este campo, además de las barreras habituales de financiación y estatura académica.
Revisar los efectos neurobiológicos de las prácticas espirituales es casi siempre el objetivo ulterior de este tipo de investigación. Sin embargo, al analizar los retos metodológicos de este tipo de estos experimentos nos damos cuenta de lo complicado que es, realmente, evaluar tal fenómeno. Por ejemplo: llegar a un acuerdo sobre lo que significa “práctica espiritual”, “fe”, “experiencia mística”, entre otros términos, además del reto que suponen los cientos de tipos de meditación que existen, son grandes dificultades. Incluso las diferentes aproximaciones, unas más dogmáticas que otras, a la experiencia de lo sagrado o lo sublime, son un reto a superar.
Desde la perspectiva religiosa o espiritual, estos estudios pueden ayudar a comprender mejor la experiencia humana de la fe y el misticismo. Desde la perspectiva científica, dicha investigación puede ayudar a dilucidar el complejo funcionamiento del cerebro humano, así como la relación general entre los estados cerebrales y la fisiología corporal. En última instancia, si se pueden superar los desafíos metodológicos, los estudios de las prácticas espirituales y sus experiencias asociadas podrían proporcionar un conocimiento importante para vincular nuestras búsquedas científicas y espirituales, además de nutrir la sociedad con los beneficios en salud física y mental que proveen estas prácticas conscientes.
Quizá llegue un día, si el paradigma científico se presta a esa consideración, en donde las pruebas que ya tenemos de estos estados amplios de conciencia sean suficientes para defender su aplicación en áreas de la sociedad como la educación y la salud. Y quizás cuando eso pase la brecha entre ciencia y espiritualidad disminuya por el bien del ser humano.
Fuentes consultadas https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2014.00215/full https://www.youtube.com/watch?v=Dm5h1Z88lWQ&ab_channel=TranscendentalMeditation https://www.youtube.com/watch?v=2zJQx0ivWF0&ab_channel=ScientificBasisforVedicIndia

Gracias, un tema tremendamente interesante, además, qué bonito estilo y claridad.
Sobre la reflexión final pensé que quizá mientras no desprogramemos nuestra mente, así sea parcialmente, la brecha entre espiritualidad y ciencia no deje de existir. Porque pareciera que para muchos ya la ciencia reafirma esa espiritualidad que han sabido alcanzar.
Excelente artículo.
Excelente artículo , muy interesante .Creo que todos debemos alcanzar ese estado contemplativo del Ser , y que sí es posible,es como un morir al pensamiento y un renacer en el Ser que siempre fui pero estaba como oscurecido por la mente.