Cuando la conciencia racional asoma su estatura, todas nuestras facultades cognitivas, procesan la información de tal manera que lo percibido, no puede ser otra cosa sino lo que representa. La maduración de esas capacidades, su asociación con aspectos esenciales de la cultura que transmite, esa capacidad de reflexión y lenguaje, intrínsicamente humanos, se entiende, van moldeando una conducta racional, que nos define y exhibe la naturaleza de nuestro carácter.
Si la conciencia la determina el conocimiento que el ser humano tiene de sí mismo, la conciencia racional puntualiza las ideas, creencias, opiniones, así como las acciones y decisiones que norman ese estado. Ese registro ha sido el epicentro de varios forcejeos dialécticos, porque lo racional es prácticamente, la verdad enfática que conduce a la humanidad al abismo donde está, o si se quiere, a ratificar el hartazgo existencial que la nutre, la expande, y la entretiene en su eterno temor.
Todo nivel de supuesta comprensión gira alrededor de la racionalidad. Es el irresistible drama que la asignamos a la vida. Ella prospera desde nuestras convicciones, presunciones, reputaciones, y otras formas de esa increíble certeza que elaboramos cuando simulamos construir un presente que nos supera, aunque no entendamos los mensajes del universo. Esa posibilidad de perfección la deroga la razón. Postulado difícil de evitar.
¿Es el saber garantía de verdad? El creer racionalmente no lo es. Hay, de acuerdo con el muy consultado Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora, tres visiones de abordar el vocablo racionalismo. Grosso modo: uno, la teoría según la cual la razón, equiparada con el pensar, es superior a la emoción y a la voluntad. A esto el filósofo catalán lo denominó racionalismo psicológico. Dos, doctrina para la cual el único órgano adecuado o completo de conocimiento es la razón. En ese sentido, según el ensayista, todo conocimiento tiene origen racional, y tres, teoría según la cual la realidad es, en último término, de carácter racional. He aquí el racionalismo metafísico.
Muy discutible el estatus ontológico de lo racional. En lo relativo a lo teórica individual, a la colectiva, la que nutre el racionalismo platónico, contrario al empirismo aristotélico, y otras más. Y es que, cada periodo de la filosofía, desde la época antigua, la edad media, moderna y la contemporánea, cada ciclo, expone un criterio sobre la razón. Ni hablar del cartesianismo –también están Spinoza, Malebranche, Leibniz, Hegel, hasta el infinito– que guió todo el lapso moderno, incluso, con decidida influencia en lo contemporáneo.
El Swami Shivananda, basado en las Enseñanzas del Mahavatar Babaji y Mataji Shaktiananda, en la conferencia La Muerte del Ser Humano Cósmico. El olvido de la Supraconciencia (1) corre el velo en relación con los sistemas de creencia y la mente racional. “La mente racional es el origen de las ideologías y creencias que se fundamentan en una exteriorización de la experiencia, en la cual se invalida la experiencia misma y queda el dogma exterior. La mente racional es fundamentalmente dual. Por eso tenemos dualidad interna”.
Así mismo, destaca que ese pensamiento racional es el que ha producido la política, la economía, y todo el enjambre de paradigmas que coartan el propósito y que prevalecen en las sociedades. Las religiones entran en esa vitrina, exhibiendo su poderosa cuota de dominación. Volviendo a la política, hay que recordar que su eje argumental es la división, jamás fusionar.
Los dogmas, sin lugar a dudas de origen racional, y que tanto sufrimiento han creado en la civilización, tienen igual estatura hermenéutica que los prejuicios. Ambas excavan en lo mismo: la intransigencia. Conocido como el “Príncipe de las paradojas”, el escritor inglés K.G. Chesterton (2) solía decir que una doctrina es un punto definido, y un prejuicio es una dirección. “Que se pueda comer un buey y no se pueda comer a un hombre es una doctrina”. Total, un prejuicio es un punto definido.
Notable es que el predominio casi absoluto de la racionalidad ha quebrantado otras cualidades del ser humano, como la de avanzar hacia la supraconciencia, genuina transformación. No se trata de negar algo que es inherente al ser, lo obvio se posa sobre la razón, ¿el racionalismo ontológico? pero la asignatura pendiente, no es otra que trascender esa racionalidad.
Es allí donde el advaita concluye que el ser no dual es la única existencia real.
Fuentes consultadas:
(1) https://www.youtube.com/watch?v=ycyw-f1Y4dU&t=321s
(2) Chesterton, K.G. Lo que está mal en el mundo.

