Andrés Pérez SKY-Ecuador
Han pasado ya algunos días de otra muerte, a manos de un policía, con un patrón repetitivo; “Si eres negro, eres delincuente”, y no pretendo suavizar el negro por afronorteamericano, como lo hacen los medios, porque esta es una expresión de odio y, odio recibió George Floyd. Una persona que ha sido descrita como un gigante manso. La extinción de la llama de la vida de George Floyd, fue prender la mecha de una bomba que se ha ido construyendo por más de 500 años, de muerte, abusos, menosprecio y la desvaloración de la humanidad de un grupo de personas.
Si algo bueno puede tener el desarrollo tecnológico es que cada vez se puede evidenciar todas estas acciones en contra de la humanidad. Cuán miserable de espíritu, puede llegar a ser quien ejerce poder y represión y todos sus cómplices, aquellos que estuvieron parados viendo en primera fila la muerte de un hombre, para no atender el clamor de un moribundo. Ya golpeado, humillado y maltratado. ¿Por qué presionar hasta matar? Cuán temor es necesario para poder hacerse de oídos sordos a personas que piden por la vida de otra, al aliento desesperado de “no puedo respirar”, repetido más de 15 veces de quien siente que la fuerza y la vida lo abandonan y finalmente. “No me mates”.
Después de ver la reacción brutal que ha causado la muerte de George Floyd, es justo pensar que existe un sentir propio y consciente cuando se piensa en decir “no puedo respirar”, el respiro es lo único propio que un ser humano tiene y sentir que el respiro puede ser arrebatado de un momento a otro, causa una reacción, que dependerá de que tan consciente realmente se pueda ser del respiro.

Hoy vemos que el inconsciente colectivo ha reaccionado con miedo, violencia, destrucción y más muertes. El miedo provocado por la pandemia se minimizó. Ya no hay ese pavor que se nos impuso estos meses. Hay un deseo ferviente de romper esa estructura de represión, con más violencia. Y como la violencia es bucle infinito hasta que se quiebra la resistencia de uno, toda la violencia será devuelta con más brutalidad: «Cuando comienzan los saqueos, comienzan los disparos», magnánimas palabras de Trump, para que hoy se encuentre escondido en el bunker de la Casa Blanca. Si quien maneja el sistema se alimenta de temor, toda esta reacción no ha hecho más que dar una sobredosis de miedo, que como buen efecto narcótico será disfrutado con todo éxtasis.
La extinción provocada de una chispa divina, que vive de su respiro como una llama misma, ha dejado en manifiesto, que el sistema de terror solo puede provocar más separación del verdadero significado de una vida y lo que respirar es. ¡NO PUEDO RESPIRAR!, no es un lema, es la realidad de la humanidad. Olvidamos como hacerlo. La humanidad necesita recordar como respirar, para que cada ser sensible a su naturaleza divina, se alimente del respiro consciente. Mantenga prendida la llama de su vida y sea rebelde ante la inconsciencia, como un recordatorio vivo de quienes fueron arrebatos por el temor humano.
“No puedo respirar”, es el clamor más profundo que un ser humano puede expresar. El no poder hacerlo libre, cuánta desesperación y muerte puede traer; y el poder hacerlo, cuánto alivio, cuánta paz, cuánta vida puede llevar. Para quienes conocemos el sistema Shiva Kriya Yoga (SKY), apreciamos cada respiro, para el practicante de Kriya Yoga cada respiro es el momento donde se logra la suspensión de la mortalidad y el acercamiento a la divinidad.
Respirar es el medio para disolver el temor, crear luz, modular el campo electromagnético propio, evolucionar en luz. ¡PUEDO RESPIRAR!, es el lema que un practicante de Shiva Kriya Yoga lleva consigo, como su acción más consciente, justa y rebelde.

