El “Extático Babu”
Por Mataji Shaktiananda
Era rigor, cada vez que la instancia interior nos llevara hasta la India, adentrarse por los ¨galis¨, las laberínticas callejuelas de Varanasi, para retozar el alma en los sagrados espacios donde moró Lahiri Mahasaya. Desde su hogar, antecedido por el vencido e impenetrable portón marrón, con el letrerito azul, tan incrustado como su ser en nuestra conciencia, hasta llegar a la inmensa casa en la que reposan sus cenizas y la de todos sus predecesores dentro del linaje familiar de Kriya Yoga.
“Estoy siempre con quienes practican Kriya”, parafrasean quienes dejaron muestra de su divina presencia. Extendiendo su asistencia diciendo: “Te guiaré al Hogar Cósmico gracias a la expansión de tus percepciones”.

Dicen también que un chela (discípulo) de Shyama Charan Lahiri, inició un esfuerzo organizado por extender el nombre del maestro como “Kashi Baba” (El Padre de Varanasi). Y su negativa fue enérgica: “Dejemos que la fragancia de la flor del Kriya flote de forma natural, sin ninguna exhibición”, dijo. “Sus semillas echarán raíces en el suelo de los corazones espiritualmente fértiles”… “Utilizando la llave de Kriya, personas que no creen en la Divinidad de ningún hombre, contemplarán finalmente la plena divinidad de su propio Ser”.
El trayecto peregrino siempre fue la significativa razón para pisar, cada vez que fuera posible, a Kashi, la luminosa, así como postrarse en el mismísimo templo de Kashi Vishwanath y su hoy socavado, y no menos poderoso, Lingam, la forma del Señor Shiva regente en Varanasi.
La corriente de Mata Ganga, que fluye hacia el norte en Benarés, es la vía expedita para tal recorrido -bote mediante- brindando, al compás de lo eterno, su arenosa y desteñida vista. Como por arte de magia inmemorial, surge la inevitable sucesión de fotogramas internos en velocidad indefinida, por los tránsitos que se vuelcan, en memoria casi eidética, en cada presente. Es un remoto presente el que, finalmente, se transita en cada andada por la radiante Kashi.
Se le suma, indeleble, el influjo espiritual de Lahiri Baba, impregnado al alma como una fragancia en compañía constante. Lejos de algún sentimiento fanático o sugestión adquirida, la conmoción asalta, como si el recorrido se hiciera en medio de un vagón de aquella ferroviaria estatal del que fue empleado, a bordo del ímpetu interno de experimentar el eterno darshan que ofrece su inmaculada existencia.
Para esta Escuela no ha sido fácil obviar, ni menospreciar el sincronismo por demás causal, bondadoso y develatorio, de la más sublime “lila” que Maestro alguno nos ha concedido. Nuestro humilde Ashram quedó situado en el mismo gali, Siman Chousatta Marg, en la que los pasos de Baba Lahiri nos marcaron la senda que seguimos de cerca, tanto, que para nosotros mismos es infinitamente conmovedor esperar cada evento de su vida como una celebración propia. Su fecha de desincorporación en esta vida (Mahasamadhi) es mi natalicio o Jayanti. Sumo esta bendición mayor para honrar lo que fue, es y seguirá siendo el legado retomado.
Este año, lo que igualmente llamaríamos destino, nos sorprendió con su bisnieto, Shibendu Lahiri, reposando en las puertas de nuestra estancia por coincidente gesto. Esta “lila” devino en una inolvidable visita al Kashi Ashram de la Escuela, así como en la dispensación e Iniciación en el Kriya Yoga del linaje dinástico, evento que quedó inscrito como la elipsis –ad infinitum– perfecta de nuestra sacra relación.

Es puro espíritu.
Mi Dios, nacer y morir dentro de la misma sincronicidad en cuanto a fecha, no deja de ser un testimonio de quien Fue, Es y Será ONS