“Si cada lengua se detuviera, el sonido continuaría aún.
(Fragmento de “Hosanna” de Jesus Christ Superstar).
Las rocas, las piedras, por sí mismas, empezarían a cantar.
¡Hosanna, Hosanna, Hosanna!” – Tim Rice
En arameo Osha na significa salvación, la palabra que Jesús canta mientras Caifás intenta acallar a una multitud que celebra el advenimiento de una nueva conciencia. En este fragmento de “Jesus Christ Superstar”, la famosa ópera-rock con música de Andrew Loyd Webber y textos de Tim Rice, parece hacerse alusión al posible acto de llevar nuestro oído hacia la percepción de las melodías que están más allá de lo visiblemente material, hacia el sonido potencial contenido el silencio como instante previo, hacia la realidad perenne de la música que siempre está. “Es la palabra antes que tus labios la suelten”, dijo Cerati en “Magia”, posiblemente aludiendo a su vez a las múltiples formas de silencio que sintonizan las emisoras de esos reinos en donde todo es música.
“¡No te preocupes por aprender estas canciones!
Y si alguno de nuestros instrumentos se quiebra, no importa.
Hemos llegado al lugar en donde todo es música.
Los arpegios, las notas de la flauta, se elevan hacia la atmósfera.
E incluso si todas las arpas del mundo se quemasen,
siempre habrá instrumentos secretos para tocar.”
Así se expresó Jalal al-Din Muhammad Rumi en este grandioso poema, instalado en las mismas instancias trascendidas de su conciencia, que se decantaron en la configuración de ciertas órdenes monásticas sufíes, como los Derviches. La palabra derviche viene del persa darwish que significa «quien abre las puertas«. Los medios para abrirlas: el arte de elevado origen, en su alcance y aspiración. La orden de los Mevlevi (derviches giradores) fue fundada por los discípulos del gran poeta en el siglo XIII y se mantiene aún hoy viva, recreando las melodías perennes para quienes puedan escuchar.
“Semá” es la danza sufí que recrea las dinámicas cósmicas de orden, movimiento y ascensión. Al girar sobre sí mismos incesantemente, los derviches, unos alrededor de otros, el Universo se hace presente en resonancia con la emulación de su vibración. Con los brazos extendiéndose como la ascendencia espiritual hacía la verdad, acompañados por el amor y liberación total (Rumi), alcanzan finalmente el éxtasis místico (uaÿd).
La palma de la mano derecha apunta hacia arriba recibiendo la gracia divina y la palma izquierda proyecta esa gracia al mundo terreno. A través de movimientos comprensibles sólo para los iniciados, los nombres de Dios toman forma etérica en los dibujos que se trazan en suelo y en el aire. Con cada giro, los derviches cantan internamente los nombres de Dios (japa).
El Semá se celebra anualmente desde hace casi 7 siglos, conmemorando la unificación de conciencia del maestro Rumi con Dios, en el día en que se dio su trascendencia definitiva, un 17 de diciembre.
Por su parte, las formas sin letras del Nigun jasídico, son las expresiones musicales de la fe judía como transporte extático hacia Dios. El origen del Nigun sin letra se remite a la idea de la trazabilidad de las líneas directas de conexión de la conciencia humana con la divina, y se encuentran hermosamente suscritas a la imagen del rabino que va al bosque: El rabino va al bosque, enciende un fuego y lleva a cabo un ritual. No logra recordar el ritual, pero sí recuerda la canción. Dios dice: “Con eso basta”.
En la ocasión siguiente, va al bosque, pero ya no recuerda cómo encender el fuego, así que canta la canción. Dios dice: “Con eso basta”. En la ocasión siguiente, el rabino no logra encontrar el bosque, así que canta la canción. Dios dice: “Con eso basta”. Por último, olvida la letra de la canción. Y canta la melodía que recuerda. Dios dice: “Con eso basta”.
Desde las adaptaciones libres de los Evangelios llevados a ópera-rock, pasando por las extáticas danzas de sincronía con los movimientos estelares del Semá, hasta las melodías sin letra del Nigum, entre muchas otras expresiones de similar origen, tenemos registro y vías posibles para acceder a estas instancias. Sería cuestión de afinar el oído en su alcance de percepción cósmica o como se expresa en el Libro de Urantia: de escuchar menos con los músculos materiales y más con la mente y el espíritu.
“Detén las palabras ahora. Abre la ventana en el centro de tu pecho y deja al espíritu volar, hacia adentro y hacia afuera”. – Rumi
Música recomendada:
- “Ya Rabbi Salli Alal Habib Mohammaden” – Manish Vyas, Dina Awwad (Oh mi Señor, ruega al alto Habib Muhammad)
- “Hosanna” – Andrew Loyd Webber / Tim Rice
- “Divine Names” – Dina Awwad
Fuentes consultadas:
Boyce- Tillman, J. (2000). La música como medicina del alma. Barcelona. Paidós.
Rumi, Hidden Music. Editorial Thorsons, 2002.
https://aregem.ktb.gov.tr/TR-139582/mevlevi-sema-ceremony.html


Gracias, hay una canción sonando en mi corazón que me mantiene en armonía con mi interno y mi quehacer del día a día, amor en Luz.
hermoso articulo al que podriamos añadir los Sonidos del Silencio de Simon and Garfunkel, la musica se oye desde el fondo de nuestros corazones cuando nos conectamos con lo espiritual-. Gran cancion la de Hosanna como todas las de esa pelicula, Hosanna es magica, escuchare las otras recomendadas
Excelente artículo,la música está en todo en el sonido del agua,el viento suave de la brisa,las olas que rompen en las rocas,el canto de los pájaros. Todo lo hemos aprendido de la naturaleza, pero, hay algo que nos ha separado de esa conexión. Gracias,un abrazo de luz, desde Venezuela.🙏