Konstantín Tsiolkovski, matemático y físico ruso nacido el 17 de septiembre de 1857 en Izhévskoye, Imperio Ruso, al sur de Moscú. De padre polaco y madre tártara, a los 10 años sufrió de escarlatina por la cual perdió la audición y fue impedido de asistir a la escuela, convirtiéndose en un ávido lector y autodidacta.
La docencia en matemáticas y física fue su sustento, primero en Borovsk, donde se casó, y luego en Kaluga hasta su muerte. Inspirado por los libros de Verne, Tsiolkovski se interesó en resolver los problemas que planteaban los viajes espaciales, de lo que derivó todo su trabajo por el que es considerado el padre de la astronáutica o cosmonáutica.
Su primer proyecto (1883) fue una nave impulsada por retropropulsión. En 1920, concibió un cohete formado por múltiples módulos que se desprenderían en sucesivas fases durante el viaje. También analizó la posibilidad de utilizar combustible líquido proponiendo combinar hidrógeno y oxígeno.
Abordando otra arista del tema, formuló matemáticamente la velocidad del cohete partiendo de la fuerza de salida proporcionada por los gases a chorro. Sus diseños incluían control direccional, cabinas doblemente presurizadas, cámaras de combustión, giroscopios, asientos de descanso y bolsas de aire para salir al espacio. Trabajó sobre la mecánica de vuelo controlado, creó el primer túnel de viento ruso y diseñó la primera nave a retropropulsión. Publicó más de 500 trabajos entre ellos “Filosofía cósmica” y defendió la existencia de vida extraterrestre: “La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”.
Murió en Kaluga el 19 de septiembre de 1935.

