Lydia Emilie Florentine Jannsen, poeta estonia, nació en Vana-Vändra el 24 de diciembre de 1843, en el seno de una familia de espíritu nacionalista. En Pärnu asistió al Liceo Alemán, después de lo cual se mudan a Tartu, la liberal ciudad universitaria de Estonia y cuna de la cultura nacional. Su padre funda los primeros diarios en lengua estonia, El cartero y El cartero de Pärnu, en los que Lydia comenzó a publicar sus poemas adoptando el “Koidula” (amanecer), acuñado por un amigo de la familia. Participa del movimiento Despertar Nacional como la representante literaria con “Ruiseñor de Emajõgi” (1867).
Su obra inicial son elegías al amor y a la naturaleza. Luego, la melodía y la sensualidad convergen con el ímpetu nacionalista, influida por el movimiento alemán Biedermeier (sentimentalismo, intimismo y sátira del mundo pequeño burgués), manifestados en “Flores de praderas” (1866). También fue traductora de poesía y prosa alemana de tono biedermeirano.
Su importancia radica en el uso libre y exaltado de la lengua estonia, la cual transita desde lo íntimo, “Nuestro gato” y “Buenas noches”, hasta el reclamo nacionalista “Mi patria es mi amor” y “Patria mía, ellos te enterraron”. También fue pionera de la dramaturgia nacional desde la organización Vanemuine para el fomento y desarrollo de la cultura estonia: “El sobrino de Saaremaa” y “El hacendado palurdo” se consideran los fundamentos del teatro estonio.
Su vida también fue ejemplo del espíritu femenino de emancipación, particularmente de las mujeres creadoras, junto a sus contemporáneas Emily Dickinson y Rosalía de Castro.
Ha sido reconocida por proyectar la cultura estonia y por su preocupación en evitar la desaparición de su país en manos de las insaciables potencias, siendo su último poema “Antes de morir, ¡por Estonia!”.
Falleció el 11 de agosto de 1886 en Kronstadt.

