Cantar es el verbo que refiere la acción de producir sonidos melodiosos con la voz. No es solo una forma de expresión artística, es sobre todo un recurso para expresar nuestras emociones y sentimientos, una forma de comunicación. Es innato al hombre, tan antiguo como él mismo, y práctica primitiva asociada al culto, principalmente.
El canto se considera una forma de aproximarse al conocimiento y una forma de terapia donde letra y música integran la canción que da cuenta de la vida que transcurre para el ser humano como individuo o como colectivo.
La voz es el instrumento de quien canta. Vista desde varios ángulos, la voz integra un enfoque biológico (como órgano de fonación), como instrumento musical y como cualidad artística (en cuanto su estética) y, por tanto, el canto integra completamente el cuerpo con su fisiología y al cantante con sus estados de ánimo.
Dicen que “Quien canta, su mal espanta”, y es tan cierta la frase que varias investigaciones se han propuesto identificar los efectos de esta acción que a todas luces se evidencia como un potente mecanismo de salud integral que tiene alcance en nuestra estructura física, emocional y mental.
Algunos estudios como los adelantados por la profesora del University College de Londres Daisy Fancourt, y el publicado por Universidad Christ Church en Canterbury, UK, señalan que al cantar se producen múltiples efectos en el cuerpo. De un lado la reducción del estrés debido a la disminución del cortisol, en contraste con un aumento de la sensación de bienestar a partir de la segregación de endorfinas, al tiempo que ayuda a las personas con problemas mentales delicados y prolongados.
También hay efectos identificados en personas que cantan en grupo, especialmente en coros, para quienes esta experiencia los lleva a producir oxitocina relacionada con sentimientos de conexión y confianza; además de la liberación de dopamina que produce sensación de bienestar.
Es decir que los sonidos melodiosos que surgen de la creatividad y se plasman en códigos musicales, ejecutados por el cantante con su aparato fonador, producen efectos catalogados en aspectos como: Aumento de la circulación cerebral, aumento de la fuerza en el flujo respiratorio, mejora en los estados de ánimo.
¿Cómo es que todo esto sucede? Y podríamos considerar encontrar explicación integrando elementos como las frecuencias, resonancias, vibraciones; que se generan por la integración de tres elementos con los que la voz se produce: La fuente de energía (el aire que producen los pulmones), el vibrador (laringe y cuerdas vocales) y el resonador (garganta, cavidades vocal, nasal y paranasal).
Aunque es central sin duda, la calidad y cualidad que tenga aquello que cantamos; letras y melodías que integren lenguaje y belleza para nosotros, siendo necesario que nutramos nuestra biografía musical con nuevas y bellas canciones que nos conectan con nuestros sentimientos, logrando con esto tanto o más de lo imaginado cuando solo cantamos y creemos que es solo esto, pero es tanto más lo que nos generamos.
Vamos a espantar el mal cantándonos y ¡Qué viva la música en nosotros!
Fuente consultadas:
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6194531 (La canción como espejo humano)
https://www.bbc.com/mundo/noticias-48920945n (¿Puede cantar realmente mejorar nuestra salud?)


Nunca me cansaré de Aprender
Muy bien expresado lo que es el canto en sí. No tanto como actividad para búsqueda de reconocimiento sino como una forma de transformar lo que sentimos, de liberar cargas y conectar con las partes más hermosas de nosotros. Gracias por el aporte.
Qué interesante escrito Catalina, especialmente por los efectos terapeuticos del acto de cantar. ¿Será que también sucede así, o incluso más, cuando «cantamos» mantras?