Levantar la mirada y observar la vida que transcurre ante tantos contrastes para cada persona, y percibir un ritmo acelerado, una necesidad y urgencia de atender lo que se considera la vida, debería llevarnos a preguntarnos seriamente por el sentido de todo esto y como lo experimentamos.
Pensar en que puede ser otro el rumbo, es algo que al parecer no pudiésemos considerar, porque andamos muy convencidos de un deber infundado que engañosamente determina el curso que debe seguirse. Esto debido al afianzamiento que tiene el formato de representación que cada uno ha asumido en los diversos roles, con papeles diversos que vamos actuando, jugando a vivir.
Ante lo aparente y obvio que lo externo presenta ni sospechamos que todo tiene otra razón y está previsto que en algún momento los destellos del Ser nos atraigan al lugar donde se retoma vida tras vida, el despertar de la conciencia, que se da cuando el mundo no podemos digerirlo y nos preguntamos por el propósito que tiene el estar acá.
En todas las épocas hay personas que en su elevada consciencia se van reconociendo, y nos sirven de faros, muchas veces sin saberlo, al conducirse a ellos mismos hacia reflexiones y decisiones de vida, alineadas en propósito porque se avocan a encontrarlo y desde su arte nos alumbran.
Fernando Pessoa, el gran poeta portugués, se recreó en un juego de muchos nombres que creó para exponer sus ideas, sentimientos y emociones, es uno de estos faros, que deja ver el lugar al que fue llegando al expresar: “A quien, como yo, así, viviendo no sabe tener vida, ¿Qué le queda sino, como a mis pocos pares, la renuncia por modo y la contemplación por destino?
En ella nos muestra una alternativa, un camino que seguir cuando se va ganando en entendimiento y las respuestas urgen. Renuncia y contemplación están presentes como preceptos de varios senderos espirituales y religiones incluso, lo cual es indicio de que son propios de una actitud inherente a un estado de consciencia que conduce a la liberación como propósito.
Llegar ahí no ha sido algo de masas sino de pocos como aduce el autor, reconociendo que es la forma en que se debe estar para realizar lo que la vida como ventana de tiempo evolutivo nos propicia, es un logro inicial que, para consolidarse en un logro mayor dentro del propósito del alma, le sigue una actitud constante hacia su ejecución.
Entregarse a esto conlleva de un lado la configuración de una forma de comportamiento sobre la constante de desprenderse hasta lograr abandonar entre otros, los apegos desde los vínculos que sostenemos en diversos ámbitos. Y de otro lado, establecerse en un orden interno de contacto que propicie la conexión con la consciencia creadora, así como permanecer, ampliar y sostener este estado durante la vida.
En respuesta al Ser está quien además de llegar a esta síntesis sobre preceptos tan exactos, ya ha propiciado el trabajo interno que los active y configure a partir de su práctica constante y su alma atenta para sostenerse sabiendo vivir y sabiendo estar.

