Luego de entrar en la casa, Raimundo no se percató de que su esposa hablaba con su hermana. Caminó hasta la cocina. Abrió la nevera y se sirvió agua. Su corazón pasó de 60 pulsaciones a 180 en menos de 10 segundos, al solo escuchar que su pareja acordaba una visita con alguien, “pero solas, así recordamos esas cosas sin apuro”. Para aumentar el nivel de desasosiego, oyó mal, pues ella dijo “solas” y él escuchó “solos”. Tembloroso se metió en el baño. Su esposa salió del cuarto, tomó su cartera, y fue a comprar la cena. Para ella, él no había llegado.
La visionaria grandeza del diálogo nunca ha sido un aspecto determinante cuando tratamos de conjurar los prejuicios. La tendencia es a tragarnos las cosas que dificultan nuestro desarrollo. A garabatear la vida a fuerza de impurezas, idolatrando inconscientemente el orgullo, dando cabida a un espíritu troquelado por el cotidiano ejercicio de la microfísica del poder. Nunca un aspecto de la vida había sido tan mancillado como la comunicación.
Cuando más abrumados nos encontramos de situaciones de toda naturaleza conflictiva, cuando más nos robustecemos de coyunturas, es cuando menos capaces nos sentimos de levantar el dedo índice y hablar. Ahora, cuando no comprendemos el comportamiento del otro, el del orden o desorden social, la mirada esquiva de nuestro jefe, el exhorto de la pareja, o el llamado del hijo, la actitud es la de obstruir el mínimo de entendimiento que pueda surgir con todas esas laceraciones culturales que nos han impuesto.
Porque, hablar con esa preclara idea de despejar los panoramas, no deja de ser una obligación moral. Claro, ese deber, que debería ser como una filosofía común -dado que estamos imbuidos en un mundo cuya producción de confusión es inmedible, pero se capta inmediatamente el efecto de su propósito- depende de nuestro nivel de conciencia.
Nos hacemos los incomprendidos y soslayamos el sentido práctico y medicinal de un reparador diálogo. Entonces, el orgullo, instalado como una pieza más del engranaje de esa maquila denominada ignorancia, se expande como una enfermedad. Y si hemos crecido con esa imperfección, la sistematizamos e interactuamos creyendo que estamos enviando el mensaje correcto, no hacemos otra cosa que ratificar un aspecto de nuestra vida que no beneficia nuestro desarrollo.
Una de las habilidades más trascendentales del ser humano, es precisamente, la comunicación. Su efectividad es necesaria (1) y más allá de lo que significa la comunicación forzosa, el injerto de una aprobación disimulada, está el benéfico ejercicio de romper el hielo cuando la desconfianza nos invade. ¿Y lo experimentamos? Si no estamos en sintonía con nuestro interés por fortalecernos, limpiarnos o sacudirnos el oscuro tejido expresado en temor, difícilmente articularemos un relato que nos separe de la vacilación
Por eso hablar es sinónimo de higiene interna. De madurez. Como el hombre del relato que inicia esta nota, no debería procesar lo que sintió desde la rabia. Es conveniente hablar. Indagar sanamente para disipar las tormentas. No esa falsa comunicación movida por el ego. Como expresa un pasaje del Bhagavad Gita: “La austeridad del alma consiste en hablar veraz y beneficiosamente, y en evitar el lenguaje que ofende”
Fuente consultada: https://idiomasadvantage.com/por-que-es-importante-comunicarse-de-forma-efectiva/ Vector de Infografía creado por freepik - www.freepik.es


Me encantó leer este artículo, desde joven siempre me gustaba aclarar por medio del diálogo cualquier situación, sin embargo muchas veces fui criticada y juzgada. Fue alentador leer que no andaba tan perdida. Sin embargo al paso del tiempo ya me ha costado retomar esa naturalidad con la que yo actuaba, y a veces he dudado de mi.
Tan cierto! Hay que trampear al miedo, que se oculta tras el orgullo, y hablar como medida «higiénica», como bien decís. No sin antes haber respirado hondo unas cuantas veces, a fin de evitar exabruptos.
Se escribe fácil pero, al momento de actuar… pánico escénico. =S
Saludos, Ramon!
Qué belleza! Muchísimas gracias. ONS.
Brillante Ramon!
Muchas gracias.
Ons!