La cosmogonía hindú se fundamenta en el reconocimiento de la existencia de una realidad única, primordial, absoluta, inmanifesta, infinita, eterna y desconocida e incognoscible para el intelecto humano. En el intento de comprenderla, la mente humana cuando logra vislumbrarla la suele interpretar como la Nada, como el Silencio Original del cual surge el verbo, el sonido creador, la vibración pura y primigenia del Vacío, el OM que es el todo y la nada.
A partir de esta realidad sin forma, surge la realidad manifiesta, la de la conciencia, las formas y las energías que, de acuerdo con el hinduismo, se fundamenta en la interacción de tres fuerzas primordiales: La creación, la conservación y la destrucción. Estas son representadas como imágenes antropomórficas de tres grandes dioses, Brahma, Vishnu y Shiva, con el fin de darle un asidero a la limitada mente humana en aras del entendimiento de estas manifestaciones de la omniconsciencia emanadas desde el absoluto.
Nuestro apego al mundo de las forma, nos hace perder de vista, en muchas ocasiones, que Brahma no es un viejito con cuatro cabezas ni Vishnu un gordito azul reposando plácidamente ni que Shiva sea un asceta con drelos y una serpiente alrededor del cuello. Estas imágenes representan consciencias primordiales, las primeras manifestaciones de lo inmanifiesto a partir de cuya interacción se crea el mundo de las formas, el cual anhela ser consciente de la divinidad, del absoluto que habita en ellas.
Siendo el fin último, la razón de ser de la conciencia absoluta desplegada en el universo manifiesto en múltiples formas, el hacerse consciente de sí misma en cada una de ellas y así retornar al origen, nos encontramos con que la consciencia Shiva, es la que asume esta tarea. Es la fuerza destructora del ego, de la ilusión de separación, disuelve, desintegra las limitaciones de la dualidad, allanado el camino de retorno, hacia la fusión de la consciencia individual con el absoluto.
En su representación antropomórfica, como deidad, esta consciencia ocupa uno de los lugares más prominentes dentro del panteón del hinduismo. Su forma física impregnada en el inconsciente colectivo y cada uno de los objetos con los que se le representa, evocan significados ocultos y aspectos del proceso de destrucción y liberación del alma de las limitaciones del ego.
Según diversas historias Shiva es venerado tanto por demonios como por dioses, por lo que “es visto como la fuente tanto del bien como del mal” siendo considerado como alguien capaz de combinar muchos elementos contradictorios en sí mismos. Se dice que Shiva tiene una pasión indómita, lo que lo lleva a comportamientos extremos. “A veces es un asceta que se abstiene de todos los placeres mundanos. En otras ocasiones es un hedonista”. Estas acciones contradictorias suelen confundir al ego que pretende imitarlas literalmente sin poseer la conciencia destructora de sus propias limitaciones, atrayendo así su propia desgracia.
Entre sus atributos más reconocidos está su tercer ojo el cual representa la sabiduría y la visión interna que posee. Se dice que es fuente de una energía extremadamente poderosa, salvaje, feroz, amenazante, destructora de la oscuridad, de lo que no es.
La cobra alrededor de su cuello, cual collar, representa su domino sobre los aspectos más peligrosos y oscuros de lo manifestado, representa su maestría sobre el ego así como la liberación de la conciencia atrapada en el samsara, el eterno ciclo de reencarnaciones.
El vibhuti, las tres líneas horizontales de ceniza blanca que cruzan su frente, representan su dominio sobre el inframundo, el mundo humano y el de los dioses, así como su capacidad de penetrarlos y regir en todas las dimensiones del universo consciente.
Su arma, el tridente o trishula representa, entre otros significados, el poder de la voluntad, el conocimiento y la acción, así como los tres estados de conciencia humana, la vigilia o conciencia ordinaria, el sueño o ensoñación y el sueño profundo en unión con la fuente.
En ocasiones se le muestra como un asceta en profundo estado de meditación en conexión con el absoluto, en otras realizando la danza cósmica tandava, al final de una era, con el fin de destruir el universo y comenzar un nuevo ciclo de evolución cósmica.
Invocar a la fuerza Shiva no debe asumirse como un juego o un ritual de moda. Es despertar en nosotros con responsabilidad sus atributos evolutivos, lo cual en ocasiones aterroriza al ego que se retracta al sentir en movimiento la danza cósmica de Shiva Nataraj, el destructor de la ignorancia.
Fuentes consultadas


Que buena explicación, no tenía muy claro el significado de todo esto.muchas gracias !!!
Gracias por tan clara descripción.
Cómo reciente Iniciada en la EVD aprecio muchísimo vuestras explicaciones.
Le dan el lugar de honor que corresponde a cada elemento al ampliar mi conocimiento, derrumbando así, gradualmente, la ignorancia de mi inconsciente.
Seguramente recibiré una impregnación aún mas significativa en cada evento que se produzca.
iOm Namaha Shivaya!