“Hecha la ley, hecha la trampa”, reza un viejo adagio, referido al hecho de que cada vez que se promulga una norma, aparece una estrategia para esquivarla. Otro refrán, “la ley es para los de ruana”, establece una analogía entre este abrigo y la pobreza, y, en consecuencia, alude a la disparidad en el ejercicio de la justicia dependiendo de la clase social. A esa podemos sumar otra frase que ha hecho carrera- “usted no sabe quién soy yo” utilizada por quienes frente a diferentes situaciones – infracciones, procedimientos burocráticos, filas, etcétera, pretenden tener un trato especial por su procedencia social o económica.
Estas expresiones de uso cotidiano nos dan una somera idea de la maleabilidad en el ejercicio de eso tan complejo, tan diverso y tan confuso que llamamos justicia. Una justicia que propende por la creación de normas que garanticen una mínima cohesión social, que se constituye en un principio que lucha por el acceso equitativo a los recursos y por dar a cada uno lo que le corresponde, que desde algunas religiones aboga por sostener la tensión entre pecado, castigo y perdón. “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”.
Es una justicia que históricamente, y dependiendo de las condiciones en que se aplique, requerirá de un adjetivo: divina, social, transicional, redistributiva, comunitaria, indígena, internacional. En fin, pocas veces puede defenderse sola, peor aún en formas de sanción social hoy en boga como la justicia por mano propia y el escrache. La posibilidad del consenso es esquiva, de modo que lo que resulta justo, legítimo y procedente para unos, para otros significará atropello, desigualdad y traición. El filósofo John Rawls plantea: “De diferentes tipos de cosas se dice que son justas o injustas: no sólo las leyes, instituciones y sistemas sociales, sino también las acciones particulares de muchas clases, incluyendo decisiones, juicios e imputaciones. Llamamos también justas e injustas a las actitudes y disposiciones de las personas, así como a las personas mismas” (2006, p.20)[1].
Por ende, esta complejidad de la justicia desde lo social también atañe a lo individual, a lo interno y a las relaciones con los otros: “Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba”, dice la segunda ley de El Kybalión. Y el principio de la polaridad nos invita al reconocimiento de la dualidad como parte de nuestro sistema.
“Todo lo manifestado tiene dos lados, dos aspectos, dos polos, un par de opuestos con innumerables grados entre ambos opuestos” (p.101[2]). Estos principios universales se manifiestan pues en lo que consideramos o no como justo, en las acciones que cometemos hacia otros y hacia nosotros mismos creyéndolas justas, en la crítica y el prejuicio hacia el otro.
Un aparte del Mahabharata nos devela la honda dificultad de tomar acciones internas certeras frente a lo que podemos considerar justo o injusto. Arjuna recrimina a Dhrishtadyumna, el jefe del ejército de los Pandavas, por haber asesinado a Druna, su familiar, gurú y jefe del ejército enemigo (los Kauravas), cuando ya había reconocido sus equivocaciones y depuesto sus armas: “Estás condenado al infierno por este acto injusto que has cometido”, le dijo (p.442).
En medio del debate, Dhrishtadyumna le responde a Arjuna sobre Druna: “Ha transgredido las normas de la lucha justa y usó el Adharma para matar a miles y miles de hombres. Por eso usé medios injustos para matar a ese pecador” (p.443). Más adelante, ante los reclamos de Satyaki, Dhrishtadyumna le dice: “Muy difícil definir la palabra justicia (…). Pero el término injusto es igualmente difícil de definir” (p.444).
A veces lo que consideramos injusto nos genera rabia, resentimiento y reactividad. ¿Cómo actuar con discernimiento? ¿Cómo afrontar la relatividad de que todo puede ser justificado dependiendo del punto de vista? ¿Cómo evitar la trampa de la venganza, del reclamo feroz, del victimismo o, quizás peor, la de “hacernos los de la vista gorda”? Se dice que, sin verdad, no hay justicia. Hay aquí un misterio profundo. Y la tarea para develarlo no es del colectivo y sus luchas, ya lo sabemos
[1] Rawls, J. 2010. Teoría de la justicia. Fondo de Cultura Económica.
[2] El Kybalión. Editorial Sirio.

