“El tiempo es la substancia de la que estoy hecho.
El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;
es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;
es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego”
Borges
El deseo por conocer el futuro ha sido una inquietud de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Pareciera que no ha existido un pueblo sobre la tierra en el que no se encuentren chamanes, adivinos, videntes, profetas o futurólogos, que anuncien visiones, profecías o predicciones razonadas sobre hechos futuros.
El futuro se presenta para unos como algo que debemos alcanzar a través de nuestras acciones, pero para otros es algo que nos alcanzará tarde o temprano, lo queramos o no. Hay quienes lo ven como múltiples posibilidades, futuribles, que el tiempo nos obliga implacablemente a escoger o ser escogidos por otros.
Esta inquietud está ligada ineludiblemente a la realidad material, tridimensional, en la que vivimos, donde el tiempo lo conceptualizamos asociado al espacio, entendiéndolo como la medida de la constante mutabilidad y transformación del mundo que nos rodea. La idea de que el tiempo pasa, es tal vez una de las concepciones más generalizadas, justificada por la inevitable muerte física que al fin y al cabo la vemos como la señal definitiva de que se nos acabó el tiempo de experimentación en esta dimensión material en la que vivimos.
Sin embargo, hay quienes dicen que el tiempo no existe como lo entendemos en general. Esta idea fue introducida en el ámbito científico occidental a principios del siglo XX por Albert Eisnten quien al desarrollar su Teoría de la Relatividad se dio cuenta de que la idea del tiempo, como algo que transcurre en forma lineal no servía para explicar los fenómenos físicos que se estaban estudiando en ese entonces.
La idea del tiempo como una sucesión de pasado, presente y futuro común y compartida por todos los hombres, fue introducida en la ciencia por Isaac Newton en el siglo XVII. La cuestión de fondo estaba basada en que la duración del tiempo, que podemos sentir y medir con el reloj, es la manifestación de un tiempo universal que es común para todas las personas que habitamos este universo.
Sin embargo, Einstein se dio cuenta de que esta medición efectuada con el reloj no es la manifestación de un tiempo universal. Al estudiar la luz, los físicos de mediados del siglo XIX se dieron cuenta de que la luz siempre viaja a la misma velocidad (300 mil kilómetros/segundo) pues no la afectan otras velocidades como sucede con los objetos materiales.
Si, por ejemplo, una persona va en un tren de alta velocidad a 600 km/h por hora y corre a través de este a 20 km por hora, su velocidad relativa al tren será de 20 km por hora, pero para quien lo observe desde fuera del tren, será de 620 km/h. Sin embargo, si en el mismo tren en movimiento se prende una linterna, la luz se moverá, vista desde ambos puntos de observación, mencionados anteriormente, a 300 mil kilómetros por segundo y no a 300.000,006944km/s como se esperaría, vista desde afuera del tren, (600 km/h = 0,006944 km/s) ya que esta no responde a las mismas leyes físicas que la materia.
Esta observación generó una crisis conceptual en la física a principios del siglo XX que solo pudo ser resuelta con el desarrollo de la Teoría de la Relatividad de Einsten, ya que para poder entender la constante de la velocidad de la luz, fue necesario desechar la noción Newtoniana del tiempo. Einstein plantea en su Teoría de la Relatividad que todos los sucesos del pasado, el presente o el futuro, existen en un mismo nivel, así que eso que llamamos futuro y por lo cual tanto nos preocupamos, es solo algo de lo que todavía no tenemos un recuerdo de ello.
Para el especialista en cosmología, Marc Lachieze-Rey, todos los eventos, los sucesos que tienen un mismo estatus de existencia en este universo los vamos percibiendo uno detrás del otro, en forma lineal, pero no es el tiempo el que está pasando “soy yo quien va pasando a través del universo, y voy descubriendo los eventos que existen de manera atemporal”. Einstein afirmaba que el tiempo y el espacio “son creaciones libres de la inteligencia humana, herramientas del pensamiento que deben servir para relacionar vivencias y comprenderlas así mejor”.
Esta idea de la no existencia del tiempo lineal revolucionó el mundo de la física occidental en el siglo XX; sin embargo, no era en lo absoluto desconocida para las antiguas culturas orientales. Cuando un discípulo se acercó a Siddhartha Gautama, el Buda y le preguntó qué era el tiempo, este le contestó: “No tengo ningún tiempo. No existe el tiempo. El tiempo es solo la conciencia individual de cada persona de lo largo y de lo corto, eso es todo”.
Como se ve, la relatividad del tiempo en oriente es abordada desde el punto de vista metafísico, desde la conciencia individual del ser humano, a diferencia de occidente, que lo hace desde la física, llegando, sin embargo, a conclusiones similares: El tiempo no existe. En consecuencia, ni el futuro ni el pasado son reales, solo existe el eterno aquí-ahora.
El término sánscrito para referirse al tiempo,”kalacakra”, la gran rueda del tiempo, refiere a una interpretación del tiempo que percibimos linealmente como ciclos que se repiten, como una línea curva que da origen al “saṃsāra”, a la rueda o ciclo de muertes y reencarnaciones en la cual estamos atrapados debido a nuestras acciones e ignorancia espiritual.
De allí surge el imperativo categórico de liberarse de la ilusoria percepción del tiempo y del samsara, la cual está sujeta a la materialidad y a la subjetividad de la conciencia humana. Esto solo es posible trascendiendo nuestro apego a lo impermanente y a la ilusión de nuestras representaciones mentales del mundo fenoménico a través del samadhi, el nirvana, el satory o como le llamamos en occidente: la iluminación.
Referencias: http://www.scielo.org.co/pdf/frcn/v60n170/0120-1468-frcn-60-170-47.pdf, https://www.scielo.org.mx/pdf/ap/v33n2/v33n2a10.pdf


Tal cual el tiempo es el espacio que transitamos cada uno en este mundo
Buenas tardes, profunda conclusión de lo que palpamos como el tiempo que que vivimos o percibimos. Pero lo real para mi después de adquirir más conocimiento del lo espiritual ese tiempo lo creamos en el presente, aquí y ahora y me concentró en el.!!