Cuando nos preguntan ¿Dónde estás? pareciera que respondemos con certeza porque nos ubicamos en este espacio – tiempo en el que se supone nos encontramos. Pero, nos hemos cuestionado alguna vez si, ¿es posible que estuviésemos de otra manera en otros lugares al mismo tiempo?
Teorías sobre esta posibilidad se han desarrollado por la física desde la mecánica cuántica y han sido asunto no solo del cuerpo científico que se avoca a la investigación mediante la formulación de supuestos, comprobaciones y teorías a partir de lo observado; sino que ha alcanzado también la razón e inspiración en el mundo del arte.
Lo vemos de forma fascinante por ejemplo en el cine al recrear con tramas memorables esta probable realidad. En retrospectiva vale mencionar algunas producciones como Interestelar (2014), La Llegada (2016), Código Fuente (2014), Matrix (1999), Contacto (1997), entre muchas más cintas que conforman un acervo documental que apunta a desarrollar bajo la categoría de ciencia ficción, una teoría que hace memorable un hecho evolutivo trascendental.
A su vez la literatura nos ha colmado de autores despiertos y abiertos a proponer en sus narrativas estos marcos evolutivos abordados más desde la ciencia. Dentro de lo que un destacado escritor latinoamericano como fue Jorge Luis Borges, dejó en su legado literario varios escritos que dan cuenta destacando, por ejemplo: Tlön Oqbar Orbis Tertius, La lotería en Babilonia y el Jardín de los Senderos que se Bifurcan.
En este último texto mencionado, Borges recrea una historia donde el legado de un escritor llamado Ts´ui Pên que se resume en la frase “Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan”, es discutido bajo una escena donde un erudito e inspirado sujeto expone la naturaleza de esta construcción como acertijo encriptado que conlleva al tiempo como vehículo de posibilidades evolutivas de manera fascinante:
“La explicación es obvia: El jardín de senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts’ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos”.
Este despliegue de la teoría cuántica ofrecido por el autor conlleva interiorizar entonces mejor la pregunta del inicio, porque antes de dar respuesta considerando los postulados como éste, seguro valdría reformular o jugar con esta cuestión que nos lleva a considerar la posibilidad de que nuestra alma se proyecta en escenarios múltiples en los que experimenta e integra a su campo evolutivo toda la sabiduría alcanzada en cada mundo posible.
¡Hermosa forma de un juego cósmico!
Fuentes consultadas
Arbaiza-Escalante, Luis Bertrand. ENSAYO BORGES Y LA LÓGICA DE LA FÍSICA CUÁNTICA BORGES. Universidad Nacional Autónoma de Huanta, 2022.


Wow esto me vuela la cabeza, que podamos existir en varios lugares al mismo tiempo inclusive con diferentes cuerpos pero con la misma Alma impregnando experiencias diferentes pero en diferentes lineas de espacio tiempo, tan interesante, gracias ONS