¿Qué nos detiene, demora o limita para movernos hacia otras experiencias que sabemos ya es tiempo de concretar?
Las razones que nos damos bien argumentadas y realistas pesan, por supuesto. Aunque en el fondo lo que tenemos es miedo, dada la incertidumbre de lo que encontraremos más adelante, así como el apego a lo que dejamos atrás.
Dudamos que lo nuevo será bueno, duradero y seguro para nosotros, con lo cual vamos llenándonos de justificaciones para postergar los proyectos que quizás abrirán puertas a inimaginables encuentros y aprendizajes para nuestro crecimiento y avance.
Si confiáramos más en nuestra intuición agilizaríamos pasos y nos moveríamos con mayor espontaneidad al estar atentos y apreciar las señales que nos acerca la vida, las cuales desestimamos porque esperamos certezas a veces innecesarias.
El escritor estadounidense Henry Miller dentro de lo disruptivo y censurado en su propuesta literaria de mediados del siglo XX, hace alusión a la valentía que se debe configurar en uno frente aquello que nos inquieta, da miedo o genera dudas, al plantear que: “El valor no consiste en la ausencia de miedo, sino en la capacidad de actuar a pesar de él”.
El punto es que debemos alcanzar esta determinación para lanzar nuevos vectores y arrojarnos a escenarios que no sabemos con exactitud que traerán, aunque en el fondo de nuestro corazón nos late que por ahí es el rumbo.
Y esto va más allá de fórmulas de varios pasos para lograr algo. Se trataría más bien de un acto de genuino autoconocimiento que nos revela más nuestros contenidos de amor y temor, punto en el cual con algo de verdad propia ya tenemos un lugar de partida al menos consciente desde donde tomar decisiones.
Lo que se va configurando desde allí es la confianza en sí mismo, dando espacio a que la valentía emerja y nos decidamos por fin a actuar enfrentando nuestros miedos, adentrándonos en las aguas de la fortaleza que nos sostiene y alienta ante cualquier adversidad potencial o real.
Este es un recorrido interior muy intenso en el que a medida que dejamos de esconder y negar el miedo, le damos un lugar, lo miramos, lo reconocemos y nos transformamos para traspasarlo; movilizándonos hacia nuevos espacios y encuentros que nos conecten y revivan.
Hay mucha vida latiendo detrás de un acto valiente por nuestro Ser.
Fuentes consultadas

