La voluntad es una facultad extraordinaria de la conciencia, pues es el motor esencial que impulsa al ser humano hacia su evolución moral y espiritual. No es solo una fuerza que nos permite tomar decisiones, sino una expresión profunda de la conexión entre el individuo y el cosmos; un nexo que, cuando es ejercitado con constancia y orientado hacia un propósito consciente, abre las puertas del despertar espiritual.
Y ahí es el inicio del camino, donde esa chispa de voluntad nace de un momento de claridad o intuición. Sin embargo, si uno no ha despertado espiritualmente, si no ha sentido mínimamente la conexión del alma con el universo y su flujo, es poco probable que la voluntad se oriente hacia el camino espiritual, a no ser por un frágil dogma racional.
Por el contrario, el despertar de la voluntad auténtica, aquella que trasciende lo meramente material, emerge cuando el ser humano descubre su lugar en el orden de la vida, cuando deja de estar exclusivamente atado a los sentidos, las necesidades mundanas, y los deseos superficiales; trampas del sistema. Es entonces cuando surge una necesidad interna de profundizar, de caminar el sendero del autoconocimiento, de alinearse con una fuente superior que trasciende las limitaciones impuestas por la sociedad.
Así, la voluntad de forjarse como una expresión viva del universo y de su creador se convierte en una fuerza irresistible para quienes han comenzado a intuir la divinidad en su propio corazón.
Los obstáculos
Sin embargo, alcanzar ese despertar no garantiza que el camino sea sencillo ni que la voluntad permanezca estable. Vivimos en un mundo en el que los estímulos externos, las demandas sociales y el materialismo excesivo nos arrastran constantemente. Los sentidos, las ilusiones del estatus y la aceptación social, se interponen como piedras en el camino de la evolución espiritual. La voluntad, aunque poderosa, puede vacilar ante estos retos, y es allí donde el entendimiento, la perseverancia y la práctica consciente se vuelven esenciales para sostener el propósito inicial.
En un primer momento, es la inteligencia o la razón las que parecen mover a la voluntad. Sin embargo, esta dirección guiada exclusivamente por la mente no siempre lleva a un bien mayor. La razón, por sí sola, puede ser fría y calculadora; y como dice el adagio, «la inteligencia sin amor es maldad». Es necesario que el entendimiento profundo y el Amor sean los guías con un propósito superior. Solo desde esta fusión de razón y compasión se genera una sana voluntad de crecimiento espiritual.
El autoconocimiento
El camino del Yoga y otras disciplinas de evolución de la conciencia son, en esencia, herramientas que nos permiten fortalecernos. El Yoga, entendido no solo como una práctica física, sino como un sistema integral de desarrollo humano, abre un abanico de posibilidades para quienes buscan su despertar y su posterior trascendencia.
En ese contexto recibir las enseñanzas de un maestro auténtico, autoconocerse, realizar prácticas de meditación y servicio, son expresiones de una voluntad que ha trascendido los confines del ego y ha comenzado a alinearse con lo divino. Pero el camino es largo y solo un maestro vivo conoce tanto el mapa como el sendero.
A pesar de las dificultades que puedan surgir, esta voluntad se forja a través de una lucha intrínseca en el aspirante a yogui, quien constantemente se enfrenta a la inestabilidad y los obstáculos internos y externos, su karma. Es en medio de esa batalla donde surge un ethos del ser despierto: un código de vida, una actitud que reconoce que cada acto puede ser una expresión de lo divino si uno se lo permite. Este ethos no nace de una creencia dogmática, sino de un sentir profundo del alma, una certeza que trasciende las palabras y las ideas. Cuando el hombre ha resuelto la existencia de dios no como un concepto, sino como una vivencia íntima, entonces puede comenzar a forjar una voluntad verdaderamente espiritual.
La posibilidad de trascender
La Madre Shaktiananda, en sus enseñanzas sobre el Ser, afirma que Dios está en la voluntad. Esta enseñanza nos revela que la voluntad no es simplemente una fuerza mental, sino un principio fundamental que conecta al ser humano con la divinidad. Por eso, en la medida en que nuestra voluntad se orienta hacia actos de luz, servicio y compasión, el Ser comienza a habitar en nosotros. Antes no. La voluntad, cuando es utilizada para manifestar lo divino en el mundo, se convierte en el puente entre lo humano y lo trascendente; así nos acercamos al Ser.
La iluminación del alma no es un estado estático, sino un proceso continuo que solo puede ser alcanzado a través de la voluntad consciente. Cada acto de bondad, cada pensamiento de devoción, cada palabra sincera, son manifestaciones tangibles de lo divino en nuestras vidas. La divinidad, en última instancia, se hace tangible cuando la recreamos a través de nuestra voluntad, cuando hacemos de nuestra vida una ofrenda consciente y constante de Amor.
En esta entrega total, la voluntad deja de ser una lucha y se convierte en un flujo, por demás sagrado, en donde la libertad existe y somos de verdad.
Fuentes:
-Enseñanzas de Shakti Ma y Babaji. Escuela Valores Divinos.
-Conversaciones con Dios. Neale Donald Walsch. EU, 1994.


Gracias 🙏 excelente concepto
OMS
Gracias 🙏 Hermoso concepto
OMS
Om Namaha Shivaya.
gracias
Hermoso mensaje.
saludos
preguntl llegar a ese estado requiere aislarse de lo mundano? Si es así como se logra?
Esa voluntad,que logrs enamorarnos.Que va ignorando el dese humano,poseyendonod de Amor…Tal vez cuando dejemos de luchar con nosotros mismos,la voluntad sera una…..pues seremos lo que sidmprd fue: Amor!
Y entonces todo sera trascendido .