“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son”.
Con este famoso fragmento de la obra de Calderón de la Barca nos adentramos en la reflexión filosófica acerca de esa cualidad ilusoria que tiene la vida y su similitud con la realidad onírica. Y es que este autor del siglo XV comparte esa sensación con el director estadounidense Richard Linklater, quien nos sumerge en una experiencia visual que sacude nuestra percepción de la realidad, de la vida y de los sueños.
Waking Life, Despertando a la Vida, es una película del año 2001 con una propuesta visual y narrativa poco convencional. Y es que se hace necesario echar mano de recursos así para poder acercarnos a ese estado de ensueño, convirtiéndonos en partícipes de este espacio onírico artificial, dejando a un lado nuestro pasivo estado de espectadores.
El look visual de esta película puede ser pasado por alto al sol de hoy, cuando un “prompt” puede crear imágenes animadas sin mayor dificultad. Pero la titánica labor detrás del estilo animado de Waking Life es algo que requirió de incontables horas y el esfuerzo de un gran equipo. La película fue grabada con una sencilla cámara MiniDV, para luego intervenir las imágenes con la antigua técnica de la rotoscopia, calcar de forma manual cada fotograma de la imagen. En este caso se realizó de forma manual pero digitalizando la imagen con el uso de software. Un equipo de artistas de distintas técnicas intervino el material, pasando varios meses en esta misión. 30 fotogramas por segundo, para una película de 101 minutos = 181.800 dibujos.
El resultado es una experiencia surrealista, en donde la imagen se encuentra en constante ebullición y transformación, evocando las teorías del crítico de cine francés Andre Bazin, que la misma película expone, en donde propone que en el cine se proyecta el instante eterno en su intrínseca e infinita actividad.
Al igual que en los sueños, la película no propone una narrativa lineal. Acompañamos a un protagonista anónimo en distintos escenarios oníricos, algunas veces lo vemos a él sosteniendo disertaciones filosóficas con personajes salidos de su imaginación; en otros momentos vemos a otros personajes dialogando y filosofando y nos convertimos en protagonistas.
Explorando desde sus diálogos las distintas hipótesis acerca de la realidad, desde las más racionales teorías filosóficas, hasta las propuestas espirituales más profundas, la invitación para el espectador es a la exploración interna de estas cuestionantes.
A medida que la película transcurre, es casi inevitable que este estilo visual y narrativo termine por generarnos un estado de conciencia fuera de lo común, que nos hace cuestionarnos acerca de nuestra propia noción de la realidad. Todo aquello que el protagonista se cuestiona, se convierte en nuestro propio cuestionario existencial. La película pasa de estar contenida en una pantalla a contenernos en un escenario mayor.
¿Estamos viendo la película o la estamos soñando? ¿Estamos despiertos o dormidos?
Fuentes


me encantan sus recomendaciones y análisis de peliculas, ya he visto varias, la voy a buscar
se ve muy interesante y peculiar, sí la vida es como un sueño…