El cine, predominantemente temático, siempre ha diversificado sus contenidos hasta el límite. Así es él. Tantas filmaciones como temas tratados. En lo general, o cotidiano, o científico. Y no solamente es cine el documental, es también documento sobre épocas, culturas y tendencias, modos de vida, costumbres y sus realizadores.
Su magia y belleza, la versatilidad de sus técnicas y la infinita gama de contenidos es, en muchas ocasiones, la clave del interés que entraña. Pasado más de un siglo, el cine ha ido creciendo, ampliando los horizontes para adentrarnos en los misterios de la vida y de la aventura humana. A menudo evocamos el arte y esencia de representantes de un estilo fílmico, que cuidaron con especial detenimiento todo lo concerniente a la recreación y la ambientación histórica tratando de ser lo más exacto posible.
Y en esa recreación cinematográfica se ha logrado mucho con notables y legendarios escritores, actores, directores, cuyos estilos sutiles, románticos y delicados marcaron un trayecto. Dramaturgos construyeron, otrora, un fuerte sustento conceptual, ideológico y cultural, digno de reconocimiento.
Es así que con esta edición nos acompaña Gian Franco Corsi Zefirelli (1923-2019), a propósito de los 99 años que estaría cumpliendo el 12 de febrero. Un personaje representativo del cine italiano durante el último cuarto del siglo XX, cuyo aporte al séptimo arte fue su visión esteticista y decadente, aunque no exenta de la sensibilidad y ternura que reforzaba el universo espiritual del artista.
Y se trata de elaborar esta mención por la relevancia de la concepción escénica, temáticas atractivas y muy humanas. Una larga trayectoria como director de teatro, director de cine, guionista, actor, libretista, productor de televisión y realizador. Nutrido con una vida intensa, marcada por la época y circunstancias que lo vieron nacer y crecer en un contexto de desarraigo y escasa referencia familiar para guiarlo. Así que, cursando estudios, intempestivamente se convirtió en partisano de la II Guerra Mundial, unido a soldados británicos del primer regimiento escocés, donde fue intérprete. Y en la época de estudiante descubrió su inclinación por las artes plásticas y la decoración, así que unió esta afición a su interés por el mundo del espectáculo y empezó a trabajar como decorador y escenógrafo.
La historia del florentino también habla de las aspiraciones y sueños que conquisto al diplomarse en la Academia de Bellas Artes, con estudios de arquitectura y sus primeros pasos como actor en radio y teatro. En 1946 se incorporó Morelli-Stoppa Company de Luchino Visconti como actor y director de escena. Después de trabajar con Visconti en La terra trema (1948; The Earth Trembles) y otras películas, Zeffirelli comenzó a concentrarse en el diseño de escenarios. Su primer gran diseño para la ópera fue una producción (1952-1953) de L’Italiana in Algeri de Gioachino Rossini para La Scala, Milán. Trabajó en una serie de otras producciones de ópera y teatro, incluidas las óperas La traviata, Lucia di Lammermoor, La Bohème, Tosca , Falstaff y Carmen, desde la década de 1950 hasta principios del siglo XXI.
Su debut en la dirección de largometrajes fue con la comedia Camping (1957), protagonizada por el entonces actor emergente Nino Manfredi. Y dentro de esa vasta filmografía lo catapultaron La mujer indomable, 1967; Romeo y Julieta (1968) Nominada al Óscar, director; con Olivia Hussey; Té con Mussolini (1999), con Joan Plowright, Cher, Maggie Smith. Durante muchos años centró su carrera en el teatro, donde consiguió gran popularidad, siendo además un destacado director de óperas, que llevadas al cine al lado de Plácido Domingo (La traviata y Otello) y la lujosa versión de Hamlet, estrenada en 1990, lo consolidaron más, trabajando en innumerables roles, incluyendo diseñador de producción y vestuario.
A esta lista se suman otros clásicos como La fierecilla domada, la biografía musical de San Francisco de Asís Hermano Sol, Hermano Luna (1972). También trabajó en la pequeña pantalla, donde realzó con la miniserie Jesús de Nazaret, en 1977. Después vino La traviata (1982). En 1996, dio un giro en su carrera y comenzó a bucear en otras inquietudes temáticas o estéticas, ofreciendo al público películas con repartos solventes, pero de más sobriedad y menor ambición artística: su versión de Jane Eyre (1996) fue de gran interés.
Entre sus principales películas dirigidas se encuentran tres adaptaciones de Shakespeare: una ricamente producida La fierecilla domada (1967), con Richard Burton y Elizabeth Taylor; Romeo y Julieta (1968), en la que presentó por primera vez a actores adolescentes en los papeles principales; y Hamlet (1990), con Mel Gibson.
Fuentes consultadas: biografiasyvidas.com, delphipages.live, es.wikipedia.or

