Si hay algo que nos genera cierto temor, y curiosidad, cuando nos hablan de ello, eso es el infierno. Su arquitectura, sus olores, su ubicación, palpable o impalpable, sus manifestaciones simbólicas, toda la aventura que significa acceder a su espacio. Apartando la cultura judeocristiana –y las tinieblas de otras religiones– que apostilla su impacto en la naturaleza humana, es fascinante el esoterismo, la compleja y caudalosa danza de signos que transmite.
En esta entrega del UpaniNews, nos procuramos indagar en una breve encuesta, algunas interrogantes que ese tormento expresa, y que integra el marco de vida de nuestras nociones hipotéticas. Si bien la no existencia de este abismo, ya en una directriz de elevada espiritualidad, hace que la interpretación se oriente hacia una lógica racionalidad, es un elemento que sigue latente y se renueva, permanentemente, en la memoria y en la imaginación de los seres humanos.
En latín se habla de infierus, infernus, o infernum, en tanto que los antiguos griegos lo denominaban el hades, y los hebreos sheol. Como quiera, su ubicación, apartando el admirable ensueño de la humanidad, sería en un apartado rincón en las profundidades de la Tierra, de acuerdo con el hades homérico. En este sentido, la literatura universal, está rebosante de significados y significantes, sobre esta siempre sofocante imagen. Virgilio lo sabe, Dante, también.
Obra: Dante y Virgilio en el Infierno | Autor: Eugene Delacroix 1822

